EN ABIERTO
La oncología ortodoxa está llena de fanáticos incapaces de entender lo humano, sucio y defectuoso de esa “ciencia” oficial que idolatran, pero ese fanatismo no es exclusivo de ellos.
Hay también muchos fanáticos heterodoxos, “alternativos” y alejados del dogma oficial, pero cercados por OTROS dogmas diferentes, igualmente convencidos de que SU explicación de los fenómenos es la única posible.
Y todos esos fanáticos son cognitivamente semejantes: igualmente excluyentes, igualmente convencidos de haber encontrado La Verdad, igualmente persuadidos de que los otros son amenazantes, igualmente alejados del método científico, que acepta que sus hipótesis pueden ser sustituidas por otras, en cualquier momento, ante mejores datos.
En este artículo vamos a describir los principales fanatismos, tanto de los fieles a la secta oficial como la de las sectas “alternativas”. Una especial cerrazón mental que torpedea los esfuerzos de quienes simplemente queremos usar lo que sirva a efectos prácticos, venga de donde venga.
Somos los de mentalidad ingenieril, que sólo quieren resolver un problema, que no se casan con ningún paquete ideológico y permanecen flexibles ante los nuevos conocimientos.
Por supuesto yo me incluyo entre estos últimos, como no podía ser de otra manera: casi NADIE que sea humano se considera a si mismo un fanático.
Soy muy consciente de que yo también he tenido y quizá muestre todavía algún resto de fanatismo, pero al menos sé que he sabido y podido reconocer que estaba equivocado y he cambiado de opinión unas cuantas veces, así que sé que NO soy un fanático absoluto.
Al considerar a alguien un fanático no me refiero a quienes simplemente defienden de manera firme, pero argumentada y razonada, una posición determinada y que saben que es sólo una hipótesis, sino de quienes sólo admiten SU versión, que no es para ellos hipótesis sino axioma, verdad incontrovertible grabada en piedra.
Indice
El más abundante. Personas que no entienden qué significa esa “ciencia” que idolatran, y que desconocen los datos demoledores que demuestran que NO estamos ganando ninguna “guerra contra el cáncer”.
Analicé ese tema concreto en estos 3 artículos de la serie “¿Por qué perdemos la guerra contra el cáncer?” (uno, dos y tres).
También expliqué la obscenidad de la ciencia en una serie de otros 3 artículos de título “COVID-18: distopía y horror” que abordó la “pandemia” Covid y las “vacunas” genocidas (uno, dos y tres).
Y también en este podcast en abierto y en este demoledor artículo.
El fanatismo opuesto al anterior.
Uno que considera que ceder a cualquier tratamiento convencional es poco menos que ser un “cobarde” o que implica “venderse”.
El típico extremismo que sólo acepta la “pureza” absoluta y que se asemeja a la creencia sin fisuras en un líder sectario.
La quimioterapia es basura, eso es cierto, pero la mayoría de enfermos no tienen el lujo de poder descartarla para usar algo mejor.
Yo soy ingeniero y, por tanto, utilizaré LO QUE SEA que me acerque a mi objetivo: vivir más y mejor, idealmente sanar por completo, y lo usaré sin prejuicios previos, lo venda un santo o un delincuente.
Lo que hay que hacer es usar dichas medidas de forma RACIONAL, defendiéndonos de sus daños y aprovechando sus pequeños beneficios. Para eso tenemos el cerebro y la evidencia científica y la relevancia clínica.
Por eso defendí el uso de antiangiogénicos a dosis muy bajas y combinados con muchas otras medidas (artículo) y por eso propongo que los pacientes convenzan a su oncólogo de usar quimioterapia a dosis metronómicas en vez de a dosis altas, que ha demostrado tanta o más efectividad con muchos menos efectos secundarios y que ha formado parte de protocolos que han conducido a remisiones (artículo, artículo, artículo, artículo, artículo).
Suele estar relacionado con el fanatismo 1.
Un materialismo cientificista que no tiene en cuenta la maravilla a la que estamos asistiendo desde el inicio del siglo XX y que acelera con el paso del tiempo.
Miles de físicos teóricos postulan que es casi imposible que no exista un orden inteligente, que somos algo más que un cuerpo, y que las emociones, (bien sea al modificar el paisaje hormonal o por caminos antes considerados esotéricos) influyen considerablemente en nuestra realidad.
Fanatismo opuesto al anterior.
No voy a poner todos mis huevos en una sola cesta. Hay evidencia de que la mente y las emociones influyen en el cuerpo, pero también de que el cuerpo influye en nuestras emociones y en nuestra mente.
Ese posible camino de doble dirección debe tenerse en cuenta y considerarnos como una unión indisoluble de cuerpo y mente.
Lo traté en este artículo.
Los partidarios de las dietas veganas son, con diferencia, los más fanáticos de todos, seguidos de cerca por seguidores de dietas alcalinas (suelen incluso coincidir), pero esa cerrilidad no perdona a casi nadie: carnívora y cetogénica incluidas.
Yo comencé siendo un partidario acérrimo de la cetogénica, pero fui moderando mis posiciones hasta condensar esa flexibilidad es este artículo y en este vídeo.
Lo cierto es que SÍ hay evidencia de células tumorales (algunas incluso células madre), circulando por el torrente sanguíneo y eso correlaciona con peor pronóstico. Y la metástasis concuerda con la hipótesis de que el cáncer es un embrión aberrante. Las células tumorales pierden lo que se llama Anoikis, que es muerte programada al desprenderse una célula individual de la matriz celular del tejido al que pertenece.
Es decir, que “viaja” sin morir, algo que no sucede con las de los tejidos sanos, lo mismo que el viaje del embrión por las trompas de Falopio para establecerse en el tejido uterino.
Ahora bien: ¿Estoy SEGURO de que exista la metástasis? No, estoy abierto a cambiar de opinión. Me da miedo quien SABE a ciencia cierta y no quiero ser así.
Porque una parte de la disidencia se enreda en peleas estériles que son como quedarse mirando el dedo: si no existe la metástasis me da un poco igual, porque las masas distantes siguen existiendo y el tratamiento sería el mismo. Parece que quieren dividirnos en discusiones secundarias por aquello del “divide y vencerás”.
Pero es que se conocen desde hace DÉCADAS por ejemplo los bacteriófagos, virus que atacan a bacterias y que se han usado exitosamente en países del este, más eficaces que los antibióticos y que evitarían la resistencia a los antibióticos brutal que amenaza con crear bacterias inmunes a casi todo. Es decir, que REALMENTE funcionan. Escribí este artículo al respecto.
O los virus oncolíticos, que analicé en el tomo I de la enciclopedia del cáncer, dedicada el sistema inmunitario, con eficacia demostrada al acumularse específicamente en neoplasias y atacar exclusivamente a las células tumorales.
Es una discusión estéril con personas que no han leído un estudio en su vida.
Si al final tienen razón y no existen los virus, pues ok, los bacteriófagos y los “virus” oncolíticos serán entonces otra cosa, pero su utilidad seguirá existiendo y seguiremos casi en las mismas.
De nuevo, como con el tema de las metástasis, se quedan mirando el dedo en vez de adónde apunta éste.
No podemos aferrarnos a soluciones cerradas ni a afirmaciones definitivas y tajantes, porque NO LAS HAY.
Eso produce zozobra en mentes pequeñas, que identifican duda con inseguridad y que necesitan que alguien les aporte una convicción de la que ellas carecen, como si tener demasiadas opciones fuera imposible de manejar.
Si encontráis a quien sigue estrategias del “todo o nada”, huid. Son incapaces de entender y aceptar los matices ni de alterar su visión del mundo con nuevos datos.
Está la ortodoxia estándar y la ortodoxia “alternativa”. Ambas aparentemente opuestas, pero ambas basadas en dogmas y cerrazón mental. Confunden apertura con inseguridad.
Quienes defendemos ciertas hipótesis no lo hacemos con inseguridad o temblor, sino con convicción y hasta con agresividad, convencidos de que DE MOMENTO éstas explican el mundo de la mejor manera.
Pero estamos dispuestos a cambiar de idea sin aferrarnos a nuestro ego ni sentirnos amenazados por reconocer un error, si nos convencen de ello con mejores datos y argumentos.
Y por eso las terapias que proponemos quienes mantenemos esa disposición mental están demostrando cada vez más eficacia terapéutica: porque modificamos nuestro abordaje cuando la realidad así nos lo indica y no hacemos más que aprender, evolucionar, perfeccionar y mejorar.
Eso se refleja, por ejemplo, en todos los casos de remisiones completas que llevo recogidas, o en los testimonios de remisiones completas que entrevisto en el podcast, o en los protocolos que presento en el curso rápido de OM, cada vez más efectivos a la vez que baratos y sencillos de obtener.
Por eso el tiempo es para nosotros un aliado en vez de un enemigo: porque no dejamos de aprender.
Si un médico de la seguridad social nos dice que ya se acabaron los tratamientos para un paciente debilitado pero aún con energía y que no está sufriendo ni acabado, ¿qué podemos hacer como familia?
No nos gusta que nos hablen de meses de vida por delante cuando aún quieres vivir a pesar de la situación (cáncer de pulmón estadio 4)
Gracias, estamos perdidas y no sabemos si acatar la opinión sin más 😔
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Tiene esta guía gratuita: https://oncologiametabolica.com/guiacompleta/
Que todo vaya bien
Yo probaría con la ivermectina y el fembendazol a miles de personas les ha ido bien.
¿? Sí, llevo años recomendándolas
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