Este es un artículo que te permitirá entender dos hechos fundamentales.
Primero: que todas las enfermedades están relacionadas. El organismo no es un conjunto de procesos inconexos y las dolencias no provienen de causas infinitas. Comparten mecanismos fisiológicos que, cuando se quiebran, conducen a diferentes formas de expresión patológica.
Segundo: que el sistema NO está para curar nada y que la manera en que se han desarrollado los métodos para obtener tratamientos condena a la humanidad a una perpetua inefectividad terapéutica que, a la vez, da tantos beneficios a las corporaciones que harán lo que sea para mantener ese modelo de negocio.
Para demostrarlo analizaremos las diferencias y similitudes entre las dos enfermedades más devastadoras que nos asolan: cáncer y Alzheimer y veremos que la enfermedad bucal es un nexo común que refleja la unidad del organismo.
En un artículo anterior, que publiqué en abierto, expliqué conceptualmente la importancia del metabolismo del oxígeno en multitud de procesos orgánicos, cuyo deficiente proceso abre la puerta a muchas dolencias por desencadenar consecuencias comunes.
Ahora abordamos los aspectos prácticos de ese conocimiento: acciones específicas terapéuticas que restituyen los dos enormes problemas básicos que describimos en dicho artículo.
Por un lado, la mala oxigenación de los tejidos, que conduce a hipoxia tisular y, por otro, la deficiente utilización del oxígeno por parte de unas mitocondrias disfuncionales.
Ambos problemas son mayúsculos, al desencadenar procesos orgánicos “de emergencia” que, en el cáncer, construyen un círculo vicioso que sólo perpetúa el desaguisado y pueden desembocar en una paradoja trágica: el huésped puede morir, aunque el organismo crea que está protegiendo la vida.
Este post rompe el nudo gordiano.
Si lees artículos en medios mainstream te bombardearán con mantras que no han servido ni servirán jamás como base para curar el cáncer. Mantras que los oncólogos convencionales creen también a pies juntillas con mediocre obediencia.
Porque cuando les pides que expliquen qué es el cáncer los ves atrapado en ese bosque de frases hechas creado por una industria billonaria para ofuscar, yendo hacia una diversidad de causas, conveniente para ganar dinero, pero no para tratar con efectividad.
Si no puedes explicar de manera sencilla y elegante un hecho complejo, usando incluso herramientas literarias que describen historias, no entiendes en realidad a qué te enfrentas.
El organismo no es un infinito repositorio de procesos a los que denominar usando siglas. Las siglas son escondites tras los que parapetarse para no afrontar la ignorancia que arrastra toda una clase médica incapaz de enfrentar el espejo.
El organismo replica procesos, que reutiliza en diversos escenarios y que explican los malentendidos que pueden surgir de dicha redundancia.
De entre todos esos elementos comunes, el oxígeno y su utilización por parte de los tejidos es el elegante hilo conductor de múltiples procesos metabólicos, sustrato y base de muchos procesos fisiológicos y patológicos.
Este artículo afronta ese hecho vital en todo ser vivo y cuya defectuosa utilización abre el camino a todo tipo de patologías. Es un artículo conceptual pero sencillo de entender, que te abrirá las puertas de la comprensión no sólo del cáncer sino del organismo en su totalidad.
Si me sigues desde hace tiempo, tanto en esta membresía de Oncología Metabólica como en el blog de Cáncer Integral, ya sabes que el entendimiento oficial del cáncer es profundamente erróneo y que el cáncer debe ser entendido y tratado como una profunda alteración metabólica.
El cáncer usa ciertas enzimas de forma diferente y tiene además necesidades exageradas de ciertos combustibles y elementos constructivos: glucosa (artículo), glutamina (artículo) o metionina (artículo). Dichas necesidades son también puntos débiles, porque la interrupción del aporte de esas moléculas que necesita para su crecimiento exagerado puede suponer una catástrofe para el tumor.
En este artículo nos enfocaremos en otra de esas necesidades, muy poco conocida pero que debemos explotar adicionalmente: la de la serina.
Es un aminoácido con una particularidad inquietante: algunos tumores lo necesitan tanto que han desarrollado la capacidad de fabricarla ellos mismos, a partir de la glucosa que circula en sangre. Y cuando no pueden fabricarla, la roban directamente de la sangre con máxima eficiencia.
En este artículo analizaremos esa particularidad metabólica tumoral y cómo explotarla en nuestro beneficio con medidas sencillas de aplicar por cualquiera.
Seguimos indagando en particularidades específicas del cáncer que las hagan vulnerables a ataques.
En esta ocasión analizamos unas moléculas que son piezas clave en todo intercambio de energía y cuyo metabolismo está alterado en el cáncer.
Dos sistemas neoplásicos la usan en su beneficio de formas aparentemente opuestas: una para “aplacar” al sistema inmunitario infiltrado en el tumor y otra para que la exuberante maquinaria metabólica del cáncer avance a toda máquina.
Pero descubriremos una estrategia combinada que nos permita anular ambos “trucos” tumorales, desbaratar el acceso energético del tumor y hacer que el sistema inmunitario se vuelva contra su “huésped” tumoral.
El camino tecnocientífico actual, transhumanista y lleno de complicados avances que sólo grandes compañías pueden materializar, parece hecho para ir en contra del ser humano o para establecer barreras insalvables para el ciudadano medio, que no puede acceder a desarrollos de enorme complejidad.
Pero a veces esos desarrollos no sólo son más accesibles, sino que añaden una pieza de enorme trascendencia si puede ser incluida en un conjunto de medidas combinadas como las que estamos desarrollando en OM.
En esta ocasión nos enfocamos en una tecnología emergente, que cada vez está siendo más accesible y que está demostrando un enorme potencial antitumoral, sobre todo si se combina con inteligencia con las terapias adecuadas.
Durante años el debate ha sido intenso: los proponentes de la dieta cetogénica contra el cáncer afirmaban que el cáncer NO podía utilizar grasas y cuerpos cetónicos como recurso energético, y una cuadrilla de defensores del régimen decían que sí.
La verdad está, como tantas veces, en medio.
En este artículo analizaremos de forma comprensible por cualquiera si eso es cierto o no y qué podemos hacer al respecto para asegurarnos de cortarle esa potencial vía de escape energético al tumor.
Sí, otro protocolo revolucionario. Y van 3 en apenas un mes.
Comprendo el escepticismo que esto puede provocar, pero cuando uno lleva 14 años investigando, la energía potencial acumulada en forma de conocimiento termina por explotar.
El protocolo se apoya en una hormona sobreexpresada en todo cáncer que provoca una cascada de reacciones metabólicas coherentes con el comportamiento tumoral. Inhibirla implica cortar de raíz dichas reacciones y sus consecuencias.
Este es probablemente un protocolo de eficacia máxima y un resumen de AÑOS de investigación.
Otro ejemplo (y van decenas, propuestos en este blog) de tratamiento combinado que se enfoca en otro “punto de presión” específico del cáncer, absolutamente vital para él y que, de ser usado extensamente, conduciría a una mejora considerable de la calidad y cantidad de vida de los enfermos de cáncer, y creo que a frecuentes remisiones.
Porque cuando estudias el cáncer desde una perspectiva fisiológica y metabólica, no troceándolo en una infinidad de proteínas, genes y siglas inconexas, surge un paisaje coherente y lleno de sentido común: una neoplasia es una exageración metabólica que necesita MÁS de muchas cosas y las necesita de manera DIFERENTE al resto de tejidos.
El equilibrio oxidativo no podía ser diferente. Es, de hecho, uno de los procesos más típicamente “exagerados” del tumor y uno de sus puntos más débiles. Uno que podemos explotar cuando lo conocemos realmente y cuando trasladamos dicho conocimiento al mundo real.
Eso haremos en este artículo, que recoge evidencia de múltiples sustancias, algunas ya analizadas individualmente en otros, que se combinan en un protocolo que ejerce una sinergia similar a un ataque terrorista al corazón defensivo antioxidante del tumor.
Otro protocolo más que debería ser un revulsivo revolucionario si más gente lo utilizara en su práctica clínica.
Las células madre parecen ser una especie de “repositorio infinito” que podría explicar la dificultad de terminar definitivamente con cánceres que, tras el tratamiento, a veces ya no son visibles en las pruebas de diagnóstico y parecen haber desaparecido, pero más tarde regresan.
Si se confirman ciertas hipótesis explicarían el porqué de las recidivas y nos obligan a considerar las características metabólicas específicas de estas células, con el objetivo de diseñar un protocolo más efectivo contra la renovación tumoral.
En este artículo explicaré someramente qué son las células madre tumorales (lo expliqué en profundidad en el tomo III de la Enciclopedia del cáncer) y propondré 3 protocolos combinados, analizados en sendos estudios científicos, dirigidos contra el tumor en general, pero más específicamente contra ellas
El tratamiento ideal es barato, sin efectos secundarios, puede obtenerse sin receta médica en cualquier tienda y tomarse por vía oral, con alta biodisponibilidad y cuenta con sólida evidencia de efectividad.
Pocas sustancias cumplen esa lista de requerimientos como la creatina, pero nos conduce también por otro camino conceptual: todo lo que colabore a mantener o incrementar la masa muscular y la fuerza es anticaquexia y antitumoral, debido a vías metabólicas confluyentes.
La sola consideración de la creatina como suplemento no sólo deportivo sino oncológico, debería ser por si sola un golpe mortal en la línea de flotación del paradigma somático del cáncer y debería consolidar el papel emergente de la oncología metabólica. Veremos sinergias, dosis, cómo usarla y en qué contexto y protocolo.
Sí, el cáncer “se alimenta de glucosa”, entre otros combustibles, pero la naturaleza no es una ecuación matemática y la evidencia es clara: una miel de calidad, sobre todo ciertas mieles extraordinarias, son un concentrado de sustancias de tal potencia que, en sus dosis justas y en ciertas circunstancias, podrían compensar su excesivo aporte de glucosa. Además, explico qué técnicas aplicar para minimizar el aporte de glucosa mientras aprovechamos por completo sus beneficios.