PARA MIEMBROS AVANZADOS O PROFESIONALES
Este es un artículo fascinante, por tres motivos.
Uno: porque conoceremos el papel extraordinario del lactato en el cáncer, hasta hace poco considerado un simple metabolito de desecho (en otros artículos ampliaremos esta información, de gran valor).
Dos: porque haremos un viaje de descubrimiento que nos irá llevando de una novedad a la otra y veremos cómo se van conectando puntos metabólicos que demuestran que el organismo y sus procesos no son un conjunto de islas inconexas.
Tres: porque entenderemos por qué algunas sustancias aparecen una y otra vez cuando analizamos diferentes caminos metabólicos del cáncer y “puntos de presión” y por qué deben formar parte siempre de todo protocolo de sustancias combinadas. Vamos poco a poco entendiendo cuáles aportan más de forma práctica.
Acompáñame en esta investigación detectivesca, donde cada pista nos conduce a un descubrimiento posterior, hasta concluir con un conjunto de terapias que encajan en el mecanismo global como un guante.
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En varias ocasiones he analizado el tema del desequilibrio oxidativo en el cáncer.
Lo he hecho de forma teórica en Cáncer Integral y de manera práctica en Oncología Metabólica, pulsando varios puntos de presión metabólicos con terapias que lograban una asimetría magnífica: que el cáncer sufriera y a la vez que el cuerpo sano se protegiera mejor frente al daño oxidativo.
Conseguir esa asimetría es esencial para que las terapias oxidantes que aplique el enfermo dañen mayoritariamente al tejido neoplásico. En este artículo vamos a diseñar un protocolo, basado en esos conceptos, que se apoye en la luz roja e infrarroja que hemos analizado en los dos artículos anteriores.
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España acaba de ganar su segundo mundial, así que es coherente que sigamos con “la roja” 😉.
En este caso con luz infrarroja, tras haber abordado en el artículo anterior la luz roja en el espectro visible, guardián de nuestros ritmos circadianos.
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Este es uno de los artículos más avanzados que he publicado hasta la fecha. Un paso de gigante que algún día se aplicará habitualmente.
En Oncología Metabólica preconizo siempre medidas que aborden la raíz del problema, y basar una estrategia terapéutica en “atacar” frontalmente el tumor con cirugía, radio y quimio (sin atender al organismo completo) no lo hace. Por eso los niveles de fracaso de las intervenciones oncológicas ortodoxas son tan altos.
Pero hay intervenciones directas y locales que sí pueden ser enormemente valiosas, por varios motivos: cuando se pueden aplicar de forma segura para destruir sólo tejido tumoral y cuando pueden desencadenar reacciones inmunitarias sistémicas de gran potencia.
Esto es lo que hace la terapia emergente que analizo en este artículo, aún poco disponible y cara, pero que debemos conocer porque, sobre todo en algunos casos, puede ser de extraordinaria ayuda.
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Toda célula necesita tener disponibles grasas con las que construir sus “paredes”, las membranas celulares.
La inmensa mayoría de células adultas del organismo no fabrican dichas grasas desde cero, sino que las obtienen de la dieta o del tejido adiposo. Es decir, que la lipogénesis de novo (síntesis de sus propias grasas) es casi nula en el tejido sano.
Por contra, el tejido tumoral utiliza casi exclusivamente grasas que sintetiza él mismo, por medio de una serie de enzimas que luego explicaremos.
Eso es una asimetría que ofrece una ventana de oportunidad magnífica, porque la inhibición de las enzimas implicadas en esa lipogénesis afectará casi exclusivamente al tumor, y las células sanas no sufrirán efectos tóxicos.
Vamos a analizar esas enzimas, cómo inhibirlas, a ser posible a todas, para evitar que el tumor compense una sola inhibición y se “escape” de nuestro cerco gracias a las demás.
El cáncer es una exageración metabólica y eso implica que el tumor consume de forma exagerada ciertos combustibles y que sobreexpresa muchas enzimas metabólicas, que están presentes en mayor cantidad en tejido sano y con isoformas diferentes.
Pero esa diferencia casi nunca es absoluta: las enzimas tumorales también están presentes en el tejido sano, sin exclusividad.
Salvo en un caso: la enzima que analizaremos en este artículo es la única que se presenta de forma casi exclusiva en tumores, con una asimetría que ofrece una extraordinaria ventana de oportunidad para tratamientos que la inhiban.
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Cuando se habla habitualmente de “matar de hambre al cáncer”, en círculos más o menos “integrativos”, sé que probablemente no sepan con perecisión de lo que hablan.
Porque restringir por completo la energía disponible de un tumor es una tarea enormemente difícil.
Pero lo que mucha gente no sabe, profesionales incluidos, es que una cosa es impedir que el tumor obtenga energía y otra dificultar que pueda fabricar material anabólico con el que progresar.
Esa distinción entre obtención de energía y de material “constructivo” es esencial para entender los distintos enfoques metabólicos. En este artículo nos centraremos en uno de los procesos que el cáncer usa para construir nueva masa (y antioxidantes) y la manera hipotética de frenarla y de añadir aún más presión oxidante.
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En un artículo anterior averiguamos que es contraproducente inhibir el aporte exógeno de glutamina y que la suplementación de glutamina es en la mayoría de los casos beneficiosa.
Pero es cierto que el tumor consume altas cantidades de glutamina, así que el complemento lógico al aporte exógeno de glutamina lo constituyen las estrategias para inhibir las enzimas que el tumor usa para metabolizar dicha glutamina.
En este artículo analizaremos dichas medidas, tanto las más sencillas con suplementos que cualquiera puede conseguir online como las más sofisticadas y en investigación.
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Hay un ácido graso mitocondrial muy concreto, de enorme importancia para la célula, que es uno de los pocos "puntos de presión" del cáncer que puede ser influido desde el exterior con herramientas accesibles.
En las células tumorales ese ácido graso está dañado y tiene una composición diferente al de las células sanas, lo que les permite escapar de la señal de autodestrucción y sobrevivir con un metabolismo aberrante.
Pero esa membrana no es permanente: se renueva constantemente usando los materiales disponibles, que le podemos proveer nosotros con la alimentación adecuada y que podemos modificar con los suplementos correctos.
Ambas acciones harán que el cáncer reconfigure su membrana mitocondrial y esto alterará a su vez el comportamiento metabólico de la célula entera.
Veamos cómo hacerlo.
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En un artículo anterior analizaba el papel fundamental que el metabolismo del oxígeno tenía en el inicio y desarrollo del cáncer.
Tan importante que cualquier sustancia que “pulse” dicha vía metabólica modificará sustancialmente el desarrollo de la enfermedad.
En este artículo investigaremos dos moléculas antiguas pero olvidadas, difíciles de utilizar, pero asequibles si alguien mostrara el suficiente interés en revivir su utilización, que en combinación desarticulan los mecanismos con los cuales el cáncer saca ventaja de la hipoxia real o inducida que impera en su microentorno.
Dos sustancias cuya combinación sobrepasaría con creces en efectividad a todos los tratamientos oficiales, pero de las que no se puede obtener tanto beneficio económico y que, por tanto, permanecerán en el limbo mientras los pacientes son masacrados.
Escribo este artículo como si lanzara una botella al océano con un mensaje: probablemente pocos lo lean, pero no me quedaré con las ganas de intentarlo.
En un artículo anterior demostré las relaciones entre cáncer y Alzheimer y que pese a ser enfermedades aparentemente “opuestas”, pueden ser tratadas con terapias comunes.
Algunas de esas terapias inciden en el papel que la salud bucal tiene en el desarrollo y avance de ambas dolencias, con la infección subyacente a la enfermedad periodontal como nexo común.
En este artículo completo uno publicado hace meses, donde ya analizaba cómo mejorar la salud oral, y añado nuevas terapias.
Si me sigues desde hace tiempo, tanto en esta membresía de Oncología Metabólica como en el blog de Cáncer Integral, ya sabes que el entendimiento oficial del cáncer es profundamente erróneo y que el cáncer debe ser entendido y tratado como una profunda alteración metabólica.
El cáncer usa ciertas enzimas de forma diferente y tiene además necesidades exageradas de ciertos combustibles y elementos constructivos: glucosa (artículo), glutamina (artículo) o metionina (artículo). Dichas necesidades son también puntos débiles, porque la interrupción del aporte de esas moléculas que necesita para su crecimiento exagerado puede suponer una catástrofe para el tumor.
En este artículo nos enfocaremos en otra de esas necesidades, muy poco conocida pero que debemos explotar adicionalmente: la de la serina.
Es un aminoácido con una particularidad inquietante: algunos tumores lo necesitan tanto que han desarrollado la capacidad de fabricarla ellos mismos, a partir de la glucosa que circula en sangre. Y cuando no pueden fabricarla, la roban directamente de la sangre con máxima eficiencia.
En este artículo analizaremos esa particularidad metabólica tumoral y cómo explotarla en nuestro beneficio con medidas sencillas de aplicar por cualquiera.