EN ABIERTO
Este es el enésimo ejemplo de una manera de abordar el tratamiento que algunos llevamos años preconizando, que cada vez es más frecuente y que sigue estos pasos:
En este artículo no quiero grabar en piedra la lista de terapias que el paciente decidió tomar y que le permitieron estabilizar una enfermedad que debería haber seguido una evolución negativa, sino resaltar conceptualmente la “manera” de abordar el tratamiento.
No lo escribo para que repliques exactamente las medidas que siguió, sino para que entiendas la necesidad de coger el toro por los cuernos y hacer cambios.
Esos cambios los llevo recomendando desde hace años. Puedes descargarte un listado aproximado de ellos en esta guía gratuita, o recibir un conocimiento mucho más profundo en los artículos para miembros (como los que recogen decenas de remisiones completas de cánceres avanzados) y en los cursos rápidos.
Indice
El estudio puedes leerlo aquí: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1155/2018/7267920
Se trata de un paciente masculino de 76 años con antecedentes médicos importantes, que incluían cáncer de próstata en estadio Ic (Gleason 3+3) tratado con radioterapia y terapia antiandrogénica en 1998 y en remisión en el momento del diagnóstico del nuevo cáncer en diciembre de 2008: una leucemia mielomonocítica crónica (LMMC).
Además, presentaba hipertensión arterial, trombocitopenia y una deficiencia en ciertas subclases de la inmunoglobulina IgG, un hecho que facilita las infecciones, generalmente respiratorias (estudio).
Sabemos (lo demostré en el tomo I de la enciclopedia del cáncer, dedicado al sistema inmunitario) que un sistema inmunitario débil ante las infecciones lo será también frente al cáncer: puede ser una posible explicación de que este hombre hubiera padecido dos cánceres distintos a lo largo de su vida.
Recordemos que la LMMC es una forma agresiva y generalmente resistente al tratamiento de neoplasia de células madre hematopoyéticas con potencial de progresión a una leucemia mieloide aguda y con una supervivencia media de 12 a 24 meses desde el diagnóstico.
Antes del diagnóstico de su enfermedad hematológica el paciente había tomado desde la década de los 90 múltiples suplementos naturales por vía oral durante años:
Pomegranate XT (1 mg/día), vitamina C (500 mg/día), L-carnitina, levadura roja de arroz, niacina, vitamina B6, y ácidos grasos omega-3.
A partir del año 2000 sumó, entre otros, raíz de ortiga, pirroloquinolina (1 tableta diaria), melatonina (1.5 mg diaria), beta-glucanos (400 mg diarios), ácido elágico y un té de rooibos rojo (1 bolsa diaria).
Y después del tratamiento decidió añadir aún más cosas:
A partir de 2009 inició la administración de extracto de hoja de papaya (papaya leaf extract, PLE) en forma de té (4 gramos una vez al día en la mañana) junto con un elixir de la misma planta (una cucharadita por la noche). El suplemento era un producto comercial y administrado vía oral.
Durante 2014 comenzó tratamiento para sus deficiencias inmunológicas con cimetidine oral 400 mg dos veces al día.
A principios de 2015 agregó a su régimen extracto de raíz de diente de león (dandelion root extract) en cápsulas de 520 mg, dos cápsulas diarias. Escribí este artículo analizando su enorme potencial.
Adicionalmente, tras el diagnóstico y en el marco de un tratamiento integrativo, siguió consumiendo un conjunto amplio de suplementos, casi todos comerciales, con las siguientes dosis y calendarización oral diaria:
Desde el momento en que empezó a usar estos extractos, sus cuentas de blastos en médula ósea, que habían alcanzado un pico del 11% en octubre de 2009, descendieron a menos del 5% desde marzo de 2013 en adelante, con un curso estable clínicamente.
El paciente no presentó efectos secundarios ni empeoramiento atribuibles a los suplementos.
No sólo eso, sino que cuando fue hospitalizado en junio de 2017 con una insuficiencia respiratoria hipoxémica aguda y vías respiratorias reactivas tratadas con antibióticos y broncodilatadores (problemas no atribuibles a los suplementos), no presentó neutropenia durante la hospitalización. Clínicamente, continúa sintiéndose bien y sus parámetros hematológicos se mantuvieron estables al menos hasta el momento de la publicación del caso, en diciembre de 2018, 10 años después del diagnóstico.
Una y otra vez, machacona y regularmente, asisto a casos de estabilización, mejora, remisión parcial e incluso de remisión completa, de sanaciones definitivas.
Sucede CADA DÍA, pero no son reflejados en las noticias, controladas por los mismos que ganan mucho dinero con el tratamiento inhumano de una enfermedad que mueve billones.
Este artículo se añade a la larga lista de otros que escribo con el propósito de que entiendas que ES POSIBLE sanar la enfermedad y que si sumas determinación, conocimiento y voluntad de cambio la esperanza no es esa palabra tóxica que tantos oncólogos escupen con desprecio, sino una real, tangible y poderosa.
Repito: puedes descargarte un listado aproximado de las medidas que deberías comenzar a poner en práctica en esta guía gratuita, o recibir un conocimiento mucho más profundo en los artículos para miembros (como los que recogen decenas de remisiones completas de cánceres avanzados) y en los cursos rápidos.
