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22 de septiembre de 2026 Alfonso Fernandez

Guías Oncometabólicas III: cáncer colorrectal

EN ABIERTO

Seguimos con las Guías Oncometabólicas cuyos objetivos son:

  • Analizar cómo define cada “subtipo” de cada “tipo” de tumor la oncología convencional
  • Qué tratamientos propone para cada subtipo
  • Ventajas e inconvenientes de dichos tratamientos
  • Críticas válidas a ese enfoque
  • Cómo mejorar el pronóstico y disminuir los efectos tóxicos atendiendo a las características metabólicas que TODOS los tumores comparten

En el primer capítulo analicé el cáncer de próstata, en el segundo el cáncer de mama y ahora le toca el turno al colorrectal.

Todos los derechos reservados. Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales.

Lo que el “apellido” del tumor explica y lo que deja fuera

Cuando alguien recibe un diagnóstico de cáncer colorrectal, pronto aparecen nuevos términos: adenocarcinoma, colon derecho, T3N1, MSI alto, RAS mutado, BRAF V600E… Son los “apellidos” que la oncología utiliza para clasificar el tumor y elegir un tratamiento.

Esos apellidos aportan alguna información valiosa, pero no describen todo lo que está ocurriendo dentro del cáncer, ni todo lo que sucede en el organismo de la persona que lo alberga.

Esta guía te permitirá conocer lo que la oncología oficial ofrece, sus ventajas, las grietas conceptuales en las que se basa, lo que NO considera y cómo mejorar exponencialmente sus resultados con la Oncología Metabólica.

Cómo se ponen apellidos al tumor

Mientras que en cáncer de mama se analiza si las células expresan receptores de estrógeno, progesterona o HER2, en cáncer colorrectal se buscan otras características.

Los principales apellidos proceden de distintas capas de información:

  • El lugar: ciego, colon ascendente, transverso, descendente, sigma o recto.
  • El lado: colon derecho o proximal frente a colon izquierdo o distal.
  • El tipo celular: generalmente adenocarcinoma, aunque existen variantes mucinosas, con células en anillo de sello y otros tipos menos frecuentes.
  • El grado: cuánto se parecen las células tumorales al tejido normal.
  • El estadio: profundidad de la invasión, ganglios afectados y presencia de metástasis.
  • La capacidad de reparar el ADN: MMR competente o deficiente; microsatélites estables o inestables.
  • Las alteraciones moleculares: mutaciones de RAS y BRAF, amplificación de HER2 y otras anomalías menos frecuentes.
  • La posibilidad de operar: enfermedad resecable, potencialmente resecable o no resecable.
  • La situación de la persona: estado físico, fragilidad, función renal y hepática, nutrición, masa muscular, comorbilidades y preferencias.

El tumor recibe así un nombre cada vez más largo. Por ejemplo:

Adenocarcinoma de colon ascendente, estadio III, moderadamente diferenciado, con MMR competente, RAS mutado y BRAF no mutado.

Ese nombre orienta decisiones reales, pero sigue siendo una descripción parcial que define sólo “allí donde hay luz, no donde están las llaves”. Y deja fuera el componente común a TODO cáncer, el metabólico.

La biopsia por colonoscopia

En la mayoría de los casos no se espera a la operación para confirmar que existe un cáncer. La biopsia se obtiene durante una colonoscopia.

El gastroenterólogo introduce un endoscopio por el recto, localiza la lesión y extrae pequeños fragmentos con unas pinzas.

La biopsia puede permitir:

  • Confirmar que la lesión es un adenocarcinoma.
  • Estimar su grado de diferenciación.
  • Identificar características mucinosas o células en anillo de sello.
  • Analizar las proteínas de reparación del ADN.
  • Determinar la inestabilidad de microsatélites.
  • Realizar estudios moleculares si hay suficiente tejido tumoral.

Las biopsias pequeñas suelen bastar para confirmar el diagnóstico y analizar algunos biomarcadores, pero la pieza quirúrgica permite establecer con mayor precisión la extensión anatómica del cáncer, porque una biopsia es una muestra muy pequeña, que no tiene en cuenta la heterogeneidad tumoral (según aquello en lo que es clasificado) (Argilés y colaboradores, Annals of Oncology, 2020).

Lo que aporta la operación al conocimiento

Cuando se extirpa el tumor, el patólogo recibe una pieza mucho mayor. Puede analizar:

  • La profundidad real de invasión.
  • Las diferentes capas de la pared intestinal.
  • Los márgenes quirúrgicos.
  • Los ganglios regionales.
  • La invasión vascular y linfática.
  • El tumor budding, es decir, pequeños grupos de células que se separan del frente invasivo.

Por eso a veces parece que se “espera a la operación”. En realidad, normalmente no se espera para saber si hay cáncer, sino para conocer con más precisión hasta dónde ha llegado.

Una forma sencilla de expresarlo sería:

La biopsia dice qué parece ser la lesión en los fragmentos extraídos. La pieza quirúrgica permite saber mucho mejor cuánto ha invadido y cómo se relaciona con el tejido que la rodea.

La localización también pone apellidos

El cáncer colorrectal no se clasifica solamente por las alteraciones de sus células. También importa el lugar donde aparece.

Esto puede deberse en parte a diferencias funcionales y ecológicas del propio intestino, que luego explicaremos.

Colon derecho

Suele incluir:

  • Ciego.
  • Colon ascendente.
  • Flexura hepática.
  • Parte proximal del colon transverso.

Como tendencias generales, no como reglas aplicables a todas las personas, los tumores derechos presentan con mayor frecuencia estas características que mide la oncología convencional:

  • Inestabilidad de microsatélites.
  • Deficiencia del sistema MMR.
  • Mutaciones BRAF V600E.
  • Fenotipo hipermutado.
  • Diagnóstico por anemia, cansancio o sangrado oculto.
  • Menor beneficio medio de los anticuerpos anti-EGFR en enfermedad metastásica.

Es decir, tienen peor pronóstico que los del lado izquierdo. Lo que la oncología convencional no cuenta es POR QUÉ hay esas “mutaciones” y comportamientos y por qué es más grave.

Colon izquierdo

Suele incluir:

  • Parte distal del colon transverso.
  • Flexura esplénica.
  • Colon descendente.
  • Sigma.

En este grupo son relativamente más frecuentes:

  • Las alteraciones de la vía de inestabilidad cromosómica.
  • Los cambios del hábito intestinal.
  • La obstrucción.
  • La aparición de sangre visible en las heces.
  • Una mayor probabilidad de beneficio con anti-EGFR cuando el tumor metastásico no presenta mutaciones en RAS.

La lateralidad no es una esencia biológica inmutable. Más tarde veremos las probables razones metabólicas y de microbioma que explican esa diferencia de pronóstico según el “lado” del colon donde se localice la neoplasia.

Por ejemplo, “inestabilidad por microsatélites”, que es un comportamiento micro, proviene, con alta probabilidad, de causas previas de tipo metabólico relacionadas con el diferente comportamiento y microbioma de cada parte del intestino grueso.

A continuación: diferencias de pronóstico según se trate de lado derecho (colon ascendente y transversal) o izquierdo (colon descendente y sigmoideo). Fuente: https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(19)32319-0/abstract

Clasificación geográfica del colon

Recto

El cáncer de recto necesita una consideración propia.

No porque sea necesariamente un cáncer metabólicamente ajeno al de colon, sino porque aparece en una localización anatómica diferente:

  • Está confinado dentro de la pelvis.
  • Se encuentra cerca de vejiga, próstata, vagina, útero, nervios y aparato esfinteriano.
  • La fascia mesorrectal condiciona la posibilidad de obtener márgenes limpios.
  • La cirugía puede afectar continencia, función urinaria y función sexual.
  • La radioterapia tiene un papel mucho mayor.
  • Es frecuente administrar tratamiento antes de operar.
  • Algunas respuestas completas permiten considerar una estrategia de vigilancia sin cirugía inmediata.

Estas diferencias terapéuticas no demuestran por sí mismas que las células cancerosas tengan una naturaleza fundamentalmente distinta. En buena medida reflejan el lugar donde está creciendo el tumor y las estructuras que lo rodean.

El colon es un ecosistema

El colon no es simplemente un tubo por el que pasan residuos. Es uno de los ecosistemas microbianos más densos del organismo. Cuando hablamos de microbiota solemos pensar en la del intestino, aunque haya múltiples ecosistemas repartidos por todo el organismo.

Para profundizar tanto en la estructura y comportamiento del colon como en la microbiota intestinal en general, puedes leer el libro “Microbiota y cáncer”, el tomo II de la Enciclopedia del cáncer, disponible para todas las membresías de OM.

Como resumen ultrarrápido y reduccionista:

En el colon viven bacterias, arqueas, hongos, bacteriófagos y otros microorganismos que interactúan con:

  • Los restos de alimentos.
  • La mucosa intestinal.
  • El sistema inmunitario.
  • Los ácidos biliares.
  • El moco.
  • Los fármacos.
  • Los metabolitos producidos por el organismo.
  • Los metabolitos producidos por otros microorganismos.

Una parte de los carbohidratos que no se digieren ni absorben en el intestino delgado llega al colon, donde pueden ser fermentados por la microbiota.

De esa fermentación surgen metabolitos que son ácidos grasos de cadena corta, principalmente:

  • Acetato.
  • Propionato.
  • Butirato.

El caso del butirato

El butirato resulta especialmente interesante porque cumple varias funciones:

  • Es una importante fuente de energía para el colonocito normal.
  • Favorece la integridad de la barrera intestinal.
  • Influye en la producción de moco.
  • Modula la inflamación y la actividad inmunitaria.
  • Puede regular la expresión genética con efectos epigenéticos

En los colonocitos normales, el butirato se oxida eficazmente mientras que en muchas células de cáncer colorrectal, más dependientes de la glucólisis, su oxidación es menor.

Como consecuencia, el butirato puede acumularse y actuar como regulador epigenético, frenando la proliferación en determinados contextos experimentales. Este fenómeno se conoce como la “paradoja del butirato” (Donohoe y colaboradores, Molecular Cell, 2012).

En algunos estudios preclínicos el butirato ha demostrado ser un potente antitumoral y activador inmunitario, algo muy importante para los enfermos de cáncer.

Qué puede suceder después de la cirugía

La resección de una parte del colon puede cambiar:

  • La superficie disponible para la fermentación.
  • El tiempo de tránsito.
  • El pH.
  • El contacto entre microorganismos y mucosa.
  • La disponibilidad de nutrientes.
  • La circulación de ácidos biliares.
  • La composición del ecosistema microbiano.
  • La producción y absorción de metabolitos, entre ellos el butirato.

Un estudio piloto encontró alteraciones importantes de la microbiota y menores concentraciones de algunos ácidos grasos de cadena corta durante el periodo posterior a la cirugía colorrectal.

Fue un estudio pequeño y no permite afirmar que toda resección provoque un déficit permanente de butirato, pero el sentido común nos dice que las cosas no pueden seguir igual si te quitan un trozo de un órgano (Nalluri-Butz y colaboradores, Scientific Reports, 2022).

Además, la mayor producción de butirato se produce en el colon ascendente y luego en el transversal (colon derecho). Quizá es una de las razones por las cuales el cáncer de colon en la zona derecha tiene, como vimos antes, peor pronóstico. Si se altera el carácter de la microbiota y del metabolismo, las CONSECUENCIAS serán mayor alteración epigenética, lo que antes expresamos en forma de “Inestabilidad de microsatélites” y más “mutaciones”. Por eso es posible que esos cambios no sean causas sino CONSECUENCIAS de alteraciones previas del microbioma y de la producción de butirato.

Y por eso suelo aconsejar la suplementación con butirato a los pacientes colostomizados, sobre todo si el cáncer afecta a la parte derecha del colon.

Microbioma y cáncer colorrectal

Como digo en el tomo II, las personas con cáncer colorrectal presentan con frecuencia un microbiota diferente a la observada en personas sin la enfermedad, e incluso el tejido tumoral alberga su propia microbiota alterada y hasta cierto punto “aberrante” (no sólo en cáncer de colon, sino en TODOS los cánceres).

También se han identificado microorganismos y funciones microbianas enriquecidos en muestras tumorales y fecales.

Uno de los ejemplos más estudiados es Fusobacterium nucleatum. Dos trabajos publicados en 2012 encontraron una mayor presencia de Fusobacterium en tejido tumoral que en mucosa adyacente normal (Castellarin y colaboradores, Genome Research, 2012; Kostic y colaboradores, Genome Research, 2012).

Algunos experimentos han observado que F. nucleatum puede favorecer la resistencia a la quimioterapia mediante señalización de ciertas vías y activación de la autofagia (Yu y colaboradores, Cell, 2017).

Ojo: no podemos achacar la “culpa” del desequilibrio del microbioma a unas pocas especies y aun menos a una sola: es un ecosistema de enorme complejidad. Sólo señalo esa bacteria como ejemplo.

Pero hay que evitar un salto lógico:

  • Encontrar una bacteria asociada al tumor no demuestra que esa bacteria lo haya causado.
  • El tumor puede crear un entorno favorable para determinadas especies.
  • La dieta, los antibióticos, la inflamación y el tránsito pueden influir simultáneamente en microbiota y cáncer.
  • Algunas bacterias podrían colaborar en la progresión sin ser el acontecimiento que inició el tumor.
  • La relación puede ser bidireccional. No hay relación causal establecida, pero sí hipótesis razonables de que actuar sobre la microbiota altera el comportamiento tumoral.

La microbiota puede ser causa, consecuencia, facilitador o marcador. Probablemente cada posibilidad sea cierta en distintos pacientes y momentos.

Pero lo que suele ser cierto es que actuar sobre la microbiota actúa sobre el órgano donde reside y sobre el organismo en su totalidad.

Los tres problemas de las biopsias

La biopsia sigue teniendo tres limitaciones fundamentales.

1.Una fotografía parcial

La biopsia colonoscópica recoge pequeños fragmentos de una lesión que puede contener miles de millones de células.

No todas las regiones del tumor son idénticas. Pueden coexistir:

  • Clones con mutaciones diferentes. Las mutaciones no son causas sino consecuencias, pero al ser usados como factor clave por la oncología convencional, su heterogeneidad sólo aporta confusión y complejidad imposibles de manejar.
  • Zonas hipóxicas y zonas bien vascularizadas.
  • Regiones más inflamadas.
  • Células con distinta capacidad invasiva.
  • Diferencias en metabolismo y sensibilidad a los tratamientos.

Una biopsia puede acertar sobre el rasgo dominante y, al mismo tiempo, no detectar una población minoritaria capaz de provocar resistencia.

2.Una fotografía tomada en un momento

El cáncer cambia con el tiempo.

Una muestra obtenida al diagnóstico puede no representar exactamente:

  • Una metástasis aparecida años después.
  • El tumor tras varios ciclos de quimioterapia.
  • Una recaída después de radioterapia.
  • Las células supervivientes a un fármaco dirigido.

El tumor primario y las metástasis suelen compartir alteraciones fundamentales, pero pueden adquirir diferencias relevantes. La biopsia no representa a todo el tumor todo el tiempo.

3.El tratamiento selecciona

El tratamiento no solo destruye células. También modifica la composición de la población tumoral.

Las células sensibles desaparecen con mayor facilidad. Las resistentes sobreviven y pasan a representar una proporción mayor.

En cáncer colorrectal metastásico se ha observado la aparición o expansión de mutaciones RAS durante el tratamiento anti-EGFR. Algunas alteraciones pueden detectarse en el ADN tumoral circulante antes de que la progresión sea visible mediante pruebas de imagen (Konieczkowski y Garraway, Cell Research, 2013).

Lo que se busca y lo que no

La oncología convencional no analiza todas las características del tumor. Selecciona un número limitado de variables.

MMR y MSI

El sistema MMR corrige errores que aparecen al copiar el ADN. La oncología convencional analiza la existencia de ciertas proteínas que pertenecen a ese sistema, representadas por siglas.

Cuando este sistema falla, se acumulan errores en regiones repetitivas del ADN llamadas microsatélites. El tumor se clasifica entonces como:

  • dMMR: reparación deficiente.
  • MSI-H: alta inestabilidad de microsatélites.

Esta información puede servir para interpretar el posible beneficio de la quimioterapia adyuvante, seleccionar inmunoterapia en enfermedad avanzada y considerar estrategias de preservación de órgano en algunos cánceres de recto.

RAS

KRAS y NRAS transmiten señales desde el receptor EGFR hacia el interior de la célula.

Si RAS está activado por una mutación, bloquear EGFR con cetuximab o panitumumab suele ser ineficaz. Por eso el análisis de RAS se utiliza principalmente para excluir tratamientos anti-EGFR.

BRAF

La mutación BRAF V600E identifica un grupo con:

  • Biología generalmente más agresiva.
  • Mayor frecuencia en colon derecho.
  • Asociación frecuente con determinadas alteraciones epigenéticas y MSI.
  • Posibilidad de utilizar combinaciones dirigidas contra BRAF y EGFR en enfermedad avanzada.

HER2

Una minoría de tumores colorrectales presenta amplificación o sobreexpresión de HER2.

Puede asociarse con resistencia a anti-EGFR y permite considerar tratamientos anti-HER2 en enfermedad metastásica previamente tratada.

Alteraciones infrecuentes

Los paneles amplios pueden buscar también una serie de puntos llenos de siglas:

  • Fusiones NTRK.
  • Fusiones RET.
  • KRAS G12C.
  • Amplificaciones de MET.
  • Mutaciones POLE o POLD1.
  • Otras alteraciones raras potencialmente accionables.

***

Las recomendaciones modernas priorizan MMR/MSI de manera general y, en enfermedad metastásica, RAS, BRAF y HER2, ampliando el estudio cuando el resultado puede abrir una opción terapéutica (Sepulveda y colaboradores, Journal of Clinical Oncology, 2017).

Como veis, hay siglas por doquier, que representan piececitas aisladas dentro de una masa llena de complejidad. Que es como representar la rica personalidad de una persona con dos adjetivos, creyendo que basta para conocerla a fondo.

Por qué se buscan esas características

No porque sean las únicas importantes.

Se buscan porque existe una conexión práctica:

Característica Decisión asociada
MSI-H/dMMR Inmunoterapia y evaluación de síndrome de Lynch
RAS mutado Evitar cetuximab o panitumumab
RAS no mutado Posible tratamiento anti-EGFR
BRAF V600E Combinaciones dirigidas contra BRAF y EGFR
HER2 amplificado Posibles tratamientos anti-HER2
Fusión NTRK Inhibidores de TRK
KRAS G12C Inhibidores dirigidos en escenarios seleccionados

 

Es decir, y como ya he dicho otras veces: se busca aquello para lo que existe tratamiento. Se mira “allí donde hay luz, no donde están las llaves”.

Esto crea una relación circular:

  1. Existe un tratamiento PATENTABLE.
  2. Se busca el marcador que podría predecir la respuesta de ESE tratamiento patentable.
  3. El marcador entra en las guías.
  4. Se desarrollan nuevos tratamientos para ESE marcador y ese grupo.
  5. El marcador adquiere todavía más importancia clínica.
  6. Se solidifica un marcador NO porque sea el mejor terapéuticamente, sino porque es el único que puede ser “pulsado” con moléculas patentables.
  7. Romper ese círculo vicioso se convierte en cada vez más difícil.

Mientras tanto, otras características metabólicamente relevantes se miden poco o nada.

Las siglas que acabo de describirte son mapas parciales relacionados con intereses comerciales, QUE PUEDEN SER PULSADAS CON UN TRATAMIENTO PATENTABLE, pero NO DEFINEN EL TERRITORIO. Mapa y territorio son cosas diferentes.

Además, como vimos antes, esos genes, mutaciones y receptores NO suelen estar presentes en TODO el tumor ni todo el tiempo. Por esa razón, NUNCA podrá ser curativa una terapia basada en estos marcadores y en moléculas patentables que los “pulsen”.

JAMÁS.

Un mapa mucho más amplio

La investigación ha identificado cuatro grandes subtipos moleculares de consenso:

  • CMS1, inmune: hipermutación, MSI e intensa activación inmunitaria.
  • CMS2, canónico: activación de WNT, MYC y programas epiteliales.
  • CMS3, metabólico: alteraciones metabólicas más destacadas.
  • CMS4, mesenquimal: mayor componente estromal, TGF-β, angiogénesis e invasión.

Esta clasificación integra mucha más biología que una única mutación.

Sin embargo, todavía se utiliza mucho menos en la práctica diaria porque no dispone de una correspondencia terapéutica tan clara como MSI, RAS o BRAF (Guinney y colaboradores, Nature Medicine, 2015).

Pero da igual lo mucho que se ampliase el estudio de esas “piececitas”. Seguiría siendo como tratar de desalojar el océano con calderos.

Porque tampoco se estudian rutinariamente las piezas que SÍ representarían más adecuadamente a los tumores, de colon o de cualquier tipo:

  • La dependencia real de glucosa.
  • La oxidación de ácidos grasos.
  • La dependencia de glutamina.
  • El consumo de lactato.
  • La flexibilidad mitocondrial.
  • El estado redox.
  • La capacidad antioxidante.
  • La señalización por insulina e IGF-1.
  • La respuesta a glucocorticoides.
  • La interacción con adipocitos y fibroblastos.
  • Los metabolitos producidos por la microbiota.
  • Las diferencias metabólicas entre regiones del tumor.
  • La sarcopenia como parte de la relación entre huésped, tratamiento y cáncer.
  • El estado metabólico global de la persona.

El panel clínico no pretende describir todo el cáncer. Pretende responder a un número limitado de preguntas que pueden ser respondidas con el tratamiento actual, PATENTABLE.

La oncología oficial NO estudia a la persona como un todo, estudia sólo el tumor como una masa desligada del resto del organismo, y busca las DIFERENCIAS que pueden ser pulsadas con moléculas patentables en vez de lo que TODOS tienen en común

Cómo se clasifica el cáncer colorrectal por estadio

El estadio resume hasta dónde se ha extendido el cáncer.

Estadio 0

Las células anormales permanecen confinadas en la mucosa y no presentan una invasión significativa.

En muchos casos puede bastar con:

  • Polipectomía.
  • Resección endoscópica.
  • Cirugía local, si la resección endoscópica no es suficiente.

Estadio I

El tumor ha invadido capas de la pared intestinal, pero no se han detectado ganglios regionales ni metástasis.

El tratamiento suele centrarse en la resección endoscópica avanzada o la cirugía, según profundidad, márgenes y factores histológicos.

Estadio II

El tumor ha atravesado capas más profundas de la pared o ha llegado a tejidos y órganos vecinos, pero los ganglios regionales analizados no contienen cáncer.

No todos los estadios II tienen el mismo riesgo.

Elevan el riesgo de recaída:

  • Perforación.
  • Obstrucción.
  • Menos de 12 ganglios examinados.
  • Invasión linfovascular.
  • Invasión perineural.
  • Grado alto.
  • Márgenes comprometidos.
  • Determinadas características histológicas.

Estadio III

Si se han encontrado células cancerosas en ganglios regionales.

También se subdivide:

  • T1-3 y N1 suele considerarse de riesgo relativamente menor.
  • T4 y/o N2 implica un riesgo superior.

La cirugía elimina la enfermedad visible, pero aumenta la probabilidad de que existan micrometástasis no detectables. Por eso suele recomendarse quimioterapia adyuvante.

Estadio IV

Existen metástasis a distancia (muchas veces en el hígado) o enfermedad peritoneal metastásica.

No es una única situación. Puede tratarse de:

  • Una metástasis hepática resecable.
  • Varias metástasis limitadas potencialmente ablacionables.
  • Enfermedad convertible después de tratamiento sistémico.
  • Metástasis distribuidas por varios órganos.
  • Carcinomatosis peritoneal.
  • Enfermedad sintomática que requiere una intervención paliativa.

La palabra “metastásico” no informa por sí sola de las posibilidades terapéuticas.

Tratamientos convencionales

Los tratamientos pueden perseguir objetivos diferentes:

  • Curar.
  • Reducir el riesgo de recaída.
  • Convertir una enfermedad inicialmente inoperable en operable.
  • Retrasar la progresión.
  • Aliviar síntomas.
  • Evitar complicaciones.
  • Prolongar la vida.
  • Preservar el recto, el esfínter o la función.

No todos esos objetivos son equivalentes. Reducir el tamaño del tumor no demuestra automáticamente que una persona vaya a vivir más. Retrasar la progresión tampoco garantiza una mejora de la supervivencia global.

Es algo que los oncólogos no suelen comentar, quizá porque ni ellos son conscientes de ello.

Cirugía

La cirugía constituye el tratamiento potencialmente curativo fundamental del cáncer de colon localizado.

Puede incluir:

  • Extirpación del segmento de colon afectado.
  • Resección del mesocolon y vasos correspondientes.
  • Extracción de ganglios regionales.
  • Reconstrucción del tránsito intestinal.
  • Creación temporal o permanente de una ostomía.

Ventajas

  • Puede eliminar completamente el tumor localizado.
  • Permite analizar la pieza completa.
  • Reduce el riesgo de obstrucción, perforación y sangrado.
  • Puede curar la enfermedad cuando no existen metástasis residuales.

Posibles efectos adversos

  • Infección.
  • Hemorragia.
  • Fuga de la anastomosis.
  • Íleo.
  • Trombosis.
  • Alteraciones permanentes del tránsito.
  • Diarrea o estreñimiento.
  • Ostomía de colon (bolsa para las heces), con la alteración de la calidad de vida que eso conlleva
  • Cambios en microbiota y metabolitos.
  • Déficits nutricionales en resecciones extensas.
  • Deterioro funcional, especialmente en personas frágiles.

No existe un ensayo moderno que compare cirugía curativa frente a no operar en un cáncer localizado resecable, porque sería éticamente inaceptable, así que podemos decir que se está aplicando una intervención “sin evidencia”, como suelen decir los oncólogos convencionales de quienes recomendamos suplementos o dietas.

Su capacidad curativa se sustenta en la historia natural, la patología, las series clínicas y la enorme diferencia de pronóstico cuando la enfermedad puede eliminarse completamente.

Quimioterapia en estadio II

La quimioterapia adyuvante intenta destruir enfermedad microscópica después de la cirugía.

En el estudio QUASAR, la fluoropirimidina produjo un beneficio absoluto de supervivencia de aproximadamente 3-4 puntos porcentuales en una población predominantemente de estadio II. El beneficio medio fue, por tanto, modesto y no necesariamente aplicable por igual a todos los subgrupos (QUASAR Collaborative Group, The Lancet, 2007).

La decisión debería considerar:

  • Riesgo patológico.
  • MMR/MSI.
  • Edad biológica.
  • Comorbilidades.
  • Riesgo de toxicidad.
  • Preferencias personales.
  • Magnitud absoluta esperada del beneficio.

En un estadio II de bajo riesgo, la mayoría de las personas ya se curará con cirugía, por lo que el margen disponible para mejorar es pequeño.

Efectos adversos

Las fluoropirimidinas pueden producir:

  • Diarrea.
  • Mucositis.
  • Náuseas.
  • Supresión de médula ósea.
  • Síndrome mano-pie, especialmente con capecitabina.
  • Fatiga.
  • Toxicidad cardíaca infrecuente pero potencialmente grave.

Las personas con deficiencia de DPD pueden sufrir toxicidades extremadamente graves. Por eso debe evaluarse el riesgo relacionado con el metabolismo de las fluoropirimidinas antes del tratamiento.

Quimioterapia en estadio III

En estadio III, añadir oxaliplatino a fluorouracilo y leucovorina redujo las recaídas y mejoró la supervivencia. Ahora bien: ¿Cuánto?

En el seguimiento a diez años de MOSAIC, la supervivencia global del estadio III fue aproximadamente:

  • 67,1% con FOLFOX.
  • 59,0% con fluorouracilo y leucovorina.

La diferencia absoluta fue de unos 8 puntos porcentuales (André y colaboradores, Journal of Clinical Oncology, 2015). Pero eso fue al comparar dos quimioterapias entre sí, no con placebo.

Como resumen: en estadio III, la quimioterapia con fluoropirimidina aumenta la probabilidad de curación frente a cirugía sola, y añadir oxaliplatino proporcionó aproximadamente 8 supervivientes adicionales a diez años por cada cien pacientes frente a fluoropirimidina sola.

Dicho de otro modo: con tratamiento sobreviven a 10 años aproximadamente 8 personas más de cada 100 enfermos que si no se trataran.

¿A qué precio de toxicidad? La principal toxicidad acumulativa del oxaliplatino es la neuropatía:

  • Hormigueo.
  • Entumecimiento.
  • Dolor.
  • Sensibilidad al frío.
  • Dificultad para manipular objetos.
  • Persistencia de síntomas meses o años después.

Tres o seis meses

El análisis IDEA comparó tres frente a seis meses de quimioterapia con oxaliplatino.

En el conjunto de participantes, la supervivencia global a cinco años fue muy similar:

  • 82,4% con tres meses.
  • 82,8% con seis meses.

La diferencia fue de 0,4 puntos porcentuales, aunque la interpretación cambia según el riesgo y el régimen elegido. Tres meses de CAPOX pueden ser suficientes para muchos tumores T1-3 N1, mientras que T4 o N2 favorecen con frecuencia una duración mayor (André y colaboradores, The Lancet Oncology, 2020).[canceropole-est]

Este es un buen ejemplo de una pregunta clínicamente importante:

¿Cuánto tratamiento adicional merece la pena cuando el posible beneficio es pequeño, pero la neuropatía acumulativa puede ser permanente?

Generalmente más no es mejor y conviene, en este caso, si el paciente decide tratarse, seguir 3 en vez de 6 meses.

Enfermedad metastásica

Aquí los biomarcadores adquieren una influencia mayor.

Tumor izquierdo y RAS no mutado

En PARADIGM se compararon dos anticuerpos añadidos a la misma quimioterapia mFOLFOX6:

  • Panitumumab.
  • Bevacizumab.

En tumores izquierdos RAS no mutados, la mediana de supervivencia global fue:

  • 37,9 meses con panitumumab.
  • 34,3 meses con bevacizumab.

La diferencia fue de 3,6 meses (Watanabe y colaboradores, JAMA, 2023), pero al comparar dos tratamientos, NO sin tratamiento añadido.

Ese beneficio no debe atribuirse a toda la combinación. Ambos grupos recibieron la misma quimioterapia; la diferencia observada corresponde al anticuerpo añadido.

Los anti-EGFR pueden provocar:

  • Erupción cutánea.
  • Sequedad y fisuras.
  • Infecciones alrededor de las uñas.
  • Diarrea.
  • Descenso de magnesio.
  • Reacciones durante la infusión.

Ahora bien, cuando revisamos el beneficio absoluto añadido por la quimioterapia, la cosa produce escalofríos:

La comparación histórica más limpia de mediana de supervivencia entre quimioterapia y ausencia de quimioterapia encontró:

  • 8,0 meses con soporte.
  • 11,7 meses con quimioterapia.
  • Ganancia mediana: 3,7 meses.

Menos de 4 meses de ganancia de vida mediana a costa de efectos secundarios de gravedad.

MSI-H o dMMR

Pembrolizumab en primera línea duplicó aproximadamente la mediana de supervivencia libre de progresión. Es decir, la inmunoterapia sí puede añadir una cantidad de vida que merece su consideración:

  • 16,5 meses con pembrolizumab.
  • 8,2 meses con quimioterapia.

También produjo respuestas más duraderas y menos toxicidad grave, aunque algunos pacientes progresaron pronto, lo que demuestra que MSI-H no garantiza respuesta (André y colaboradores, The New England Journal of Medicine, 2020). Como siempre digo: mi hipótesis es que los pacientes que mejor responden a la inmunoterapia son aquellos que siguen acciones metabólicas de apoyo adicionales.

La inmunoterapia puede provocar efectos adversos autoinmunes:

  • Colitis.
  • Neumonitis.
  • Hepatitis.
  • Tiroiditis.
  • Insuficiencia suprarrenal.
  • Diabetes.
  • Miocarditis.
  • Toxicidad neurológica.

Algunos pueden ser graves o permanentes.

BRAF V600E

En el ensayo BEACON, encorafenib más cetuximab mejoró la supervivencia frente a cetuximab con quimioterapia en pacientes previamente tratados.

La supervivencia mediana actualizada fue aproximadamente:

  • 9,3 meses con encorafenib y cetuximab.
  • 5,9 meses con el tratamiento de control.

El beneficio mediano fue de unos 3,4 meses (Kopetz y colaboradores, The New England Journal of Medicine, 2019).

HER2

Tucatinib más trastuzumab produjo respuestas en aproximadamente el 39% de las personas con cáncer colorrectal HER2 positivo y RAS no mutado previamente tratado.

La duración mediana de respuesta fue de unos 15 meses. Sin embargo, MOUNTAINEER no incluyó un grupo de control aleatorizado, por lo que no permite calcular con seguridad cuántos meses de vida añadió el tratamiento (Strickler y colaboradores, The Lancet Oncology, 2023).

Esta distinción es esencial:

Una tasa de respuesta elevada demuestra actividad antitumoral. No demuestra por sí sola cuánto prolonga la vida frente a la mejor alternativa disponible.

Líneas posteriores

Cuando la enfermedad ha progresado después de varios tratamientos, los beneficios suelen ser más modestos.

Tratamiento Comparación Supervivencia global mediana
Trifluridina-tipiracilo + bevacizumab Frente a trifluridina-tipiracilo 10,8 frente a 7,5 meses
Fruquintinib Frente a placebo y soporte 7,4 frente a 4,8 meses
Regorafenib Frente a placebo y soporte 6,4 frente a 5,0 meses

 

Trifluridina-tipiracilo más bevacizumab añadió una mediana aproximada de 3,3 meses frente a trifluridina-tipiracilo sola (Prager y colaboradores, The New England Journal of Medicine, 2023).

Fruquintinib añadió alrededor de 2,6 meses frente a placebo (Dasari y colaboradores, The Lancet, 2023).

Regorafenib añadió alrededor de 1,4 meses en el ensayo CORRECT (Grothey y colaboradores, The Lancet, 2013).

Son beneficios muy pequeños que deben presentarse junto a:

  • Toxicidad.
  • Estado funcional.
  • Tiempo pasado en el hospital.
  • Controles y analíticas.
  • Riesgo de complicaciones.
  • Preferencias personales.
  • Calidad de vida.

¿Y el coste de los tratamientos?

Acabamos de ver que el tratamiento de quimioterapia añade entre 2 y 4 meses más de mediana de supervivencia.

Y eso, con efectos tóxicos que pueden ser de gravedad y que disminuyen la calidad de vida del enfermo.

Es cierto que la adición de inmunoterapia sí puede añadir más vida.

Pero a mí me parece de todo punto intolerable que eso sea todo lo que la “oncología de precisión” puede hacer tras décadas de inversión elefantiásica, pantagruélica, obscena.

Y a eso se le añade el coste sanitario por enfermo, que en un sistema como España, PAGAMOS TODOS LOS CONTRIBUYENTES, aunque la gente no percibe su coste por no impactar directamente en el bolsillo del enfermo sino que está extendido y amortiguada su señal.

El coste aproximado medio por paciente según estadio es:

Estadio Cirugía y hospitalización Quimioterapia Radioterapia Coste hospitalario aproximado total por paciente
In situ 5.527 € No utilizada No utilizada 6.573 €
I 10.080 € 3.320 €* 1.122 €* 20.298 €
II 11.237 € 3.472 €* 1.297 €* 28.251 €
III 10.228 € 6.528 €* 1.367 €* 36.894 €
IV 8.053 €* 9.302 € 559 €* 27.001 €

 

No es un coste actualizado a 2026, son euros de 2005, correspondientes a 699 personas tratadas en un hospital público catalán entre 2000 y 2006, con seguimiento de hasta cinco años. La cohorte mezclaba cáncer de colon —73,2%— y recto —26,8%—; por ello, la radioterapia aparece incluso en algunos estadios tempranos, aunque su uso se concentra principalmente en el cáncer rectal (Corral y colaboradores, Gaceta Sanitaria, 2016).

Tratamientos locales de las metástasis

Metástasis hepáticas

La resección de metástasis hepáticas puede conseguir supervivencias prolongadas e incluso curaciones en personas muy seleccionadas.

También pueden utilizarse:

  • Ablación por radiofrecuencia.
  • Ablación por microondas.
  • Radioterapia estereotáctica.
  • Embolización.
  • Radioembolización.
  • Se investiga la histotripsia, muy interesante (escribí sobre ello aquí).
  • Combinaciones con tratamiento sistémico.

El problema es que buena parte de la evidencia procede de pacientes seleccionados por presentar:

  • Pocas metástasis.
  • Enfermedad técnicamente tratable.
  • Mejor estado general.
  • Biología tumoral más favorable.
  • Buena respuesta previa.

Por ello, no toda la supervivencia observada puede atribuirse al procedimiento.

Metástasis pulmonares

El ensayo PulMiCC no consiguió demostrar una ventaja clara de supervivencia de la metastasectomía pulmonar frente a vigilancia. El ensayo reclutó pocos pacientes y no puede excluir un beneficio, pero sí cuestionó la idea de que las personas no operadas tuvieran necesariamente una supervivencia mínima.

Enfermedad peritoneal

El ensayo PRODIGE 7 comparó:

  • Cirugía citorreductora.
  • Cirugía citorreductora más HIPEC (Quimioterapia Intraperitoneal Hipertérmica) con oxaliplatino.

La supervivencia mediana fue prácticamente idéntica:

  • 41,7 meses con HIPEC.
  • 41,2 meses sin HIPEC.

Por tanto, el ensayo no demostró que añadir esa forma concreta de HIPEC prolongara la vida. No demostró que la cirugía citorreductora fuera inútil, porque ambos grupos fueron operados (Quenet y colaboradores, The Lancet Oncology, 2021).

Este ejemplo muestra por qué siempre hay que preguntar:

¿Qué componente se está comparando realmente?

Cáncer de recto

El recto obliga a equilibrar control tumoral, supervivencia y función.

Los tratamientos pueden incluir:

  • Cirugía.
  • Radioterapia corta.
  • Quimiorradioterapia.
  • Quimioterapia sistémica.
  • Tratamiento neoadyuvante total.
  • Vigilancia sin cirugía inmediata en respuestas completas seleccionadas.

Tratamiento neoadyuvante total

Consiste en administrar toda o gran parte de la quimioterapia y la radioterapia antes de operar.

Puede conseguir:

  • Tratar antes las posibles micrometástasis.
  • Aumentar la respuesta tumoral.
  • Mejorar la probabilidad de completar la quimioterapia.
  • Facilitar la cirugía.
  • Aumentar la posibilidad de preservar el recto en personas seleccionadas.

En ensayo PRODIGE 23, añadir mFOLFIRINOX antes de la quimiorradioterapia mejoró la supervivencia libre de enfermedad a tres años del 69% al 76% (Conroy y colaboradores, The Lancet Oncology, 2021). Pero recuerda que supervivencia libre de enfermedad (una variable surrogada) no tiene por qué correlacionar con mayor supervivencia

Eso no significa que todas las formas de intensificación obtengan los mismos resultados.

En ensayo RAPIDO, la radioterapia corta seguida de quimioterapia redujo inicialmente el fracaso relacionado con la enfermedad, pero no demostró una mejora clara de supervivencia global y el seguimiento prolongado detectó más recurrencias locales con esa estrategia. “Tratamiento neoadyuvante total” no designa, por tanto, un régimen único con resultados intercambiables.

Watch and wait

Cuando desaparecen todos los signos clínicos, endoscópicos y radiológicos del tumor, algunas personas pueden entrar en una estrategia de vigilancia intensiva sin cirugía inmediata.

Esto puede evitar:

  • Resección del recto.
  • Ostomía permanente.
  • Síndrome de resección anterior baja.
  • Deterioro urinario o sexual.

Pero exige:

  • Selección rigurosa.
  • Resonancias.
  • Endoscopias.
  • Exploraciones frecuentes.
  • Equipos con experiencia.
  • Capacidad para realizar cirugía de rescate.

En ensayo OPRA, aproximadamente la mitad de los participantes consiguió preservar el recto a largo plazo, pero el ensayo comparó dos secuencias de tratamiento neoadyuvante y no una estrategia de vigilancia frente a cirugía aleatorizada. Por eso permite apoyar la viabilidad de la preservación de órgano, pero no demostrar que evitar la cirugía sea superior para todos los pacientes.

Efectos adversos del tratamiento rectal

Pueden aparecer:

  • Diarrea.
  • Proctitis.
  • Sangrado.
  • Fatiga.
  • Urgencia defecatoria.
  • Incontinencia.
  • Aumento de deposiciones.
  • Dolor pélvico.
  • Disfunción sexual.
  • Alteraciones urinarias.
  • Infertilidad.
  • Neuropatía por oxaliplatino.
  • Síndrome de resección anterior baja.
  • Necesidad temporal o permanente de ostomía.

La supervivencia no es el único resultado relevante. Preservar la función y evitar toxicidad permanente también importa.

La primera grieta

MSI, RAS, BRAF y HER2 son características biológicas reales. No son invenciones comerciales. Pero el USO que de ellas se hacen sí lo es.

Porque la grieta aparece cuando unas pocas características pasan a representar casi toda la identidad clínica del cáncer. Un mapa simplón que se hace pasar por representación exacta del territorio.

La secuencia suele ser (ya lo dije antes de otra forma, pero lo repito, porque es muy importante que entiendas el proceso):

  1. Se identifica una alteración reflejada en un biomarcador.
  2. Se desarrolla un fármaco dirigido contra ella (a veces el fármaco existe ANTES que el biomarcador)
  3. Se diseña un ensayo para seleccionar a las personas con esa alteración.
  4. Si el ensayo encuentra algún beneficio (generalmente mínimo), el biomarcador ya entra en las guías.
  5. Aumenta la inversión en nuevos tratamientos para ese subtipo.
  6. El tumor se describe cada vez más mediante las variables que permiten prescribir medicamentos.

De esa forma, DEBIDO A INTERESES COMERC IALES, el mapa clínico se vuelve muy detallado en algunos puntos y casi vacío en otros.

  • Sabemos si RAS está mutado, pero no solemos conocer la flexibilidad mitocondrial del tumor.
  • Sabemos si existe MSI, pero no medimos rutinariamente qué metabolitos microbianos predominan alrededor de la lesión.
  • Sabemos si HER2 está amplificado, pero no caracterizamos el flujo de glucosa, lactato, glutamina o ácidos grasos entre regiones tumorales.

No se trata de elegir entre ambos tipos de conocimiento. Se trata de reconocer que uno de ellos ha llegado mucho más lejos en la práctica clínica porque dispone de:

  • Pruebas estandarizadas.
  • Fármacos.
  • Ensayos.
  • Reembolso.
  • Protocolos.
  • Incentivos económicos.
  • Infraestructura regulatoria.

Quién financia las preguntas

Realizar un gran ensayo clínico cuesta mucho dinero. Hace falta reclutar cientos o miles de pacientes, producir los tratamientos, coordinar hospitales, monitorizar datos y seguir a los participantes durante años.

Las moléculas patentables permiten recuperar esa inversión si el producto se aprueba.

En cambio, resulta más difícil financiar grandes ensayos sobre:

  • Dietas completas.
  • Ejercicio.
  • Sueño.
  • Ritmos circadianos.
  • Reducción del estrés.
  • Combinaciones de fármacos antiguos.
  • Métodos para utilizar menos tratamiento.
  • Intervenciones que no pueden convertirse en un producto exclusivo.

Esto no demuestra que los medicamentos patentados no funcionen.

Tampoco demuestra que una intervención “natural” funcione por el simple hecho de no haber sido investigada.

Significa algo más concreto: los incentivos económicos influyen en qué preguntas reciben suficiente financiación para alcanzar el nivel de evidencia exigido por la medicina.

Por eso hay que evitar confundir falta de grandes ensayos con demostración de ineficacia.

La ausencia de evidencia de eficacia no es evidencia de ausencia de eficacia.

Lo que todos los tumores comparten

Un cáncer de colon derecho y uno de recto pueden requerir tratamientos diferentes. Un tumor MSI-H puede responder a inmunoterapia y uno con RAS mutado no responder a anti-EGFR.

Pero, aun así, ambos necesitan resolver problemas biológicos comunes.

Estos rasgos no pertenecen exclusivamente al cáncer colorrectal. Son problemas comunes a tumores que aparecen en órganos muy diferentes.

Mientras la oncología de precisión busca diferencias, existe una pregunta complementaria: ¿qué tienen en común casi todos los tumores?

Para crecer, una célula cancerosa debe obtener energía, fabricar proteínas, membranas y ADN, controlar el daño oxidativo, eliminar residuos y negociar recursos con las células vecinas. La reprogramación del metabolismo es una característica central del cáncer Hanahan, Cancer Discovery, 2022.

El tumor tampoco vive aislado. Recibe glucosa, aminoácidos, grasas, oxígeno, hormonas y señales inflamatorias de un organismo entero. Convive con vasos sanguíneos, fibroblastos, células inmunitarias y adipocitos. El músculo, el hígado, el tejido adiposo, el sueño, la actividad física y los tratamientos pueden modificar ese entorno.

Esta fisiología común hace razonable investigar intervenciones transversales. Quizá una parte del tratamiento futuro no dependa solo de atacar una mutación, sino de reducir la capacidad de adaptación del ecosistema tumoral y proteger al huésped.

Eso es lo que llevo 15 años investigando, primero en el blog Cáncer Integral, con 4 libros publicados y centenares de artículos y ahora aquí, en OM, con más de 200.

Entra la oncología metabólica

Si has leído hasta aquí y sientes que algo está fallando es que has entendido realmente el problema.

Tras 8 décadas de “lucha contra el cáncer” lo único que se le ofrece a los pacientes es una panoplia cada vez más densa de sustancias con nombres extraños que sólo suman la suficiente cantidad de vida para permanecer en el mercado, al compararse cada una con sustancias tan poco eficaces y tan venenosas como ella misma.

Por eso es importante para el sistema que NADA no patentable pueda venir a matar a su gallina de los huevos de oro. Nada que sea o más eficaz o menos tóxico.

Pero es que aquí NO estamos hablando de dejar el tratamiento estándar, sino de hacerlo mucho menos dañino y mucho más útil, con terapias que a su vez tienen un extraordinario potencial terapéutico.

***

¿Se puede hacer el tratamiento más efectivo y menos tóxico?

La respuesta rápida es un rotundo SÍ.

Puedes leer, por ejemplo, uno de los casos de remisiones completas de cáncer avanzado que publiqué (está en abierto) más asombroso: un cáncer de mama terminal que remitió con el uso de un protocolo metabólico que transformó la quimio inútil y tóxica en una herramienta importante que afectó sólo al tumor. La paciente remitió en 2 meses.

Ya sólo con lo que puedes aprender de la guía gratuita que te ofrezco (9 pasos, con base científica, para multiplicar la efectividad del tratamiento oncológico) el tratamiento mejorará considerablemente: los efectos secundarios serán más escasos (en ocasiones nulos) y los efectos terapéuticos serán mayores.

Pero si indagas más aprenderás que hay muchos otros tratamientos metabólicos con gran potencial terapéutico que, usados en combinación de la forma adecuada, pueden alargar mucho más la cantidad de vida y, en algunas ocasiones, han conducido a remisiones.

Remisiones que suceden todos los días, como reflejo en el artículo donde recojo 126 remisiones completas de cáncer avanzado, todos casos publicados en revistas científicas en estudios revisados por pares.

***

Si esta guía te ha ayudado a entender el mapa, el siguiente paso no es improvisar con una dieta o un suplemento. Es aprender a integrar cada herramienta con criterios de selección, contraindicaciones, tiempos, interacciones…

Dentro de Oncología Metabólica desarrollamos ese nivel práctico: cómo distinguir una estrategia razonable de una promesa que todavía no ha sido demostrada.

La membresía ofrece todo eso, acompañándote en el tiempo, pero especialmente lo hace el Curso rápido de Oncología Metabólica, sobre todo a quien acaba de aterrizar tras un diagnóstico funesto y se siente sobrepasado por toda la información.

Es un auténtico Kit de emergencia para que entienda que tiene muchas herramientas a su disposición para mejorar su pronóstico y multiplicar las probabilidades de remisión, en concreto varios protocolos para usar HOY.


Portada del curso rápido de Oncología Metabólica
No estás solo.

Otros hemos pasado por un camino similar y, a base de dolor y años de investigación, hemos comprendido que existe un mundo de acciones terapéuticas magníficas que la oncología oficial desconoce, al alcance de todos.

Espero que sea de ayuda.

Acerca del autor
Alfonso Fernandez
Llevo más de una década investigando el cáncer y dejando constancia de esos análisis en unos libros y en dos blogs. Mi misión es mejorar la calidad y la esperanza de vida de miles de enfermos, de dos formas: con información de calidad y conectándoles con profesionales que tratan de ayudarles y que actúan fuera de un sistema cooptado por la industria.

2 respuestas a “Guías Oncometabólicas III: cáncer colorrectal”

  1. Cristina Akerman dice:

    Hola Alfonso,
    Leo y veo todo lo que publicas. Es un trabajo fundamental que hay que conocer si un día te enfrentas a un diagnóstico y no quieres atravesar como un cordero por la puerta de los hospitales.
    A mi me parece además un problema, del que no se habla, que los medios de diagnóstico son en si mismos perjudiciales para el enfermo y para el curso de la enfermedad. Incluyo a las biopsias.
    El enfermo pasa la mitad de su vida en las salas de espera y la otra mitad en tratamientos y pruebas diagnósticas y lamentablemente sintiéndose engañado tanto en los efectos secundarios como en todo. Es muy deprimente el panorama.
    ¿Qué posibilidades hay de no permitir que te diagnostiquen por los medios habituales?, porque si no te vas a tratar, algo legítimo, será interesante saber que tu tratamiento natural, da resultado sin recurrir a contrastes, tacs o biopsias, ¿es posible? Muchas gracias

    • Alfonso Fernandez dice:

      Hola, Cristina
      No lo sé. Supongo que en ciertos centros integrativos quizá tengan ese tipo de pruebas, pero sólo en aquellos con sistemas más avanzados y a un precio. tendrás que preguntarles a ellos, pero hay pocos que hagan algo así, que yo sepa.
      Un saludo

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