EN ABIERTO
La historia siempre se desarrolla así:
El objetivo es claro: mantener a la masa dormida y dócil, obediente a las consignas oficiales, que el paso del tiempo ha conseguido convertir en un bloque monolítico donde TODOS los estamentos han sido corrompidos.
Medios de comunicación, estamento médico y, por supuesto, políticos, son marionetas al servicio del mismo titiritero y cumplen el mismo cometido: someter a la población de la manera más eficaz, con la manipulación y la influencia psicológica.
Aún no vivimos en una distopía al estilo de “1984”, explícitamente autoritaria, sino en una al estilo de “Un mundo feliz”, donde los esclavos no saben que lo son y no son sometidos por la fuerza sino por la comodidad y la dejadez, aunque las cosas están cambiando poco a poco.
El poder sabe bien que la fuerza no es la mejor manera de conducir a un rebaño. Otras tácticas funcionan mucho mejor cuando los componentes de dicho rebaño son incapaces de cooperar entre sí (sólo de seguir a figuras fuertes, “flautistas de Hamelin”) y cuando ellos mismos son débiles de todas las formas posibles: enfermos, estúpidos, ignorantes, abúlicos, egoístas, materialistas y cobardes.
Una sociedad convertida en decadente caricatura de lo que durante miles de años hemos ido construyendo, una civilización a punto de colapsar.
Hay otros ingredientes que también se necesitan.
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Y falta el ingrediente último: debes asegurarte de que el rebaño permanezca enfermo, tanto física como emocional y hasta espiritualmente.
Una sociedad que ingiere ultraprocesados a los que antes se les ha otorgado la etiqueta Nutriscore A de color verde; a la que se le trata de convencer de que la carne es mala y el pan es bueno; que comer insectos y carne sintética es bueno; que debe ingerir cosas 10 veces al día o sufrirá una hipoglucemia; que el sol (la fuente originaria de TODA la vida) es tu enemigo.
Una sociedad que considera al sistema inmunitario innato una “teoría de la conspiración” y que te amenaza y te somete para que te pinches un veneno que ha matado a millones y dañado a billones y que está desencadenando una epidemia de cáncer, enfermedades cardiovasculares y degenerativas.
Una sociedad regida por una casta psicopática, dirigida por los peores seres humanos que ha conocido la humanidad, que trata de aniquilar a una mayoría para esclavizar el resto.
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El último episodio se ha desarrollado estos días: el futbolista Marcos Llorente, azuzado por los buitres de los medios, dijo cosas sencillas. Lo parafraseo:
Llevamos años escuchando a los futbolistas emitir frases carentes de personalidad. Planas, grises y llenas de lugares comunes: “Partido a partido”, “Si, bueno, ¿No?”. Y los snobs se han dedicado a comentar entre risas que qué poquita cultura tenían.
Pero en el momento en que se salen del guion, saltan las alarmas: una figura pública no debe alertar al rebaño. Una figura pública no debe demostrar conocimientos ni valentía para enfrentar la ortodoxia. Una figura pública debe parecerse a Belén Esteban y a su defensa histérica, zafia y vergonzosa de cosas como las “vacunas” Covid, que no entendería ni en mil años.
Porque una figura pública que analiza por su cuenta con espíritu crítico y que es valiente abre nuevos horizontes e informa a la ciudadanía de que tienen control sobre su salud y sobre otros aspectos de su vida, y eso NO se puede permitir: el rebaño DEBE relegar esos aspectos de SU vida a algo externo: los comités de expertos a sueldo del poder.
Porque nada hay más amenazante para el sistema que un rebaño que dice no, que toma las riendas y asume un autoliderazgo o sigue a figuras que sólo buscan lo mejor para ellos.
Entonces la maquinaria trituradora se puso en marcha, con fuerza proporcional al tamaño de la amenaza y Marcos Llorente fue primero ignorado, luego ridiculizado y después amenazado y atacado sin cuartel (el espectáculo del bufón Buenafuente, el mismo que ridiculizaba a los no vacunados, es un epítome del servilismo de toda figura pública, puesta ahí porque sabe su labor).
Pero ya no pueden impedir el hiato, la brecha insondable entre buena parte de la población (que sabe que algo no funciona) y un poder cada vez más solitario en su manipulación.
Comienza a variar el rumbo de la distopía: ya van sacando los tanques, las amenazas, la fuerza bruta y eso, aunque parezca paradójico, es buena señal: un esclavo no puede rebelarse si ni siquiera sabe que lo es. Pero cuando la fuerza hace su aparición el esclavo sabe al menos por fin contra quién debe luchar.
Por eso, una vez que comprenden que la manipulación ya no funciona, deben aparecer los drones, las cámaras, los cercos policiales, las detenciones por publicar en redes sociales, las tarjetas identificativas, el dinero digital, el crédito social “al buen ciudadano”… toda la parafernalia que es antesala de la esclavitud total que nos tienen preparada.
Pero tú y yo sabemos que NO SE PUEDE controlar por la fuerza a tantos y que el despertar masivo ya es inevitable, aunque para eso deberán suceder aún cosas quizá terribles.
Mientras tanto, muchos ya comienzan a decir lo mismo que Marcos Llorente: “este cielo no es normal y me pondré mis gafas blue blockers PORQUE ME DA LA GANA y porque la evidencia así lo indica” (ver este artículo).
Y, sobre todo, muchos ya comienzan a decir: “no podréis con nosotros”.
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Si crees que lo que escribo es una estupidez, ok, estás en tu derecho, pero antes de descartarlo por completo, sin pararte a reflexionar y lleno de emocionalidad, presta oídos a tu intuición.
Porque ahí, escondida y humilde, en el fondo de tu conciencia, permanece esa inefable pero ineludible presencia que te pone la piel de gallina ante mis palabras, que te susurra al oído y que te pide que despiertes y reacciones.