EN ABIERTO
A estas alturas hay ya pocas personas que no hayan leído acerca de los beneficios que el ejercicio físico ofrece a los pacientes de cáncer (artículo, podcast 1, podcast 2), aunque aún prevalecen mitos acerca del tipo de ejercicio más beneficioso y no todos entienden la necesidad imperiosa del ejercicio de fuerza y potencia.
Pero lo que continúa es la resistencia de tantos pacientes a comenzar a hacer ejercicio, no importa lo intensamente que se les resalten los beneficios que obtendrán de su práctica. Por eso añadir un componente de facilidad y diversión puede mejorar considerablemente la adherencia.
En este breve artículo mencionaremos una práctica que puede dar ese toque lúdico que tantos necesitan, aunque también puede servir como excusa para no ejercitarse de otras formas: el salto y el rebote.
Aunque no hay estudios extensos (a los únicos que intentan adjudicar “evidencia” válida, para que “la ciencia” permanezca capturada por la farma, única con poder económico para ponerlos en marcha) los estudios observacionales, en animales, la experiencia empírica y la plausibilidad fisiológica nos aportan también datos muy válidos de su efectividad.
Indice
Aunque no haya estudios extensos sí hay datos indirectos y fisiología básica: el sistema linfático carece de una bomba que mueva el fluido, como sucede con el sistema cardiovascular. Aunque las contracciones de los vasos linfáticos mueven la linfa, dependen grandemente de la gravedad, del movimiento corporal y de las contracciones musculares para permitir que la linfa cumpla óptimamente su cometido al moverse por el cuerpo (estudio).
Durante el ejercicio, el flujo linfático aumenta 2-3 veces en relación al estado de reposo y ha demostrado ayudar a pacientes de cáncer incluidas a pacientes de cáncer de mama sometidas a mastectomía y eliminación de ganglios linfáticos. El linfedema asociado a esa condición no empeoró debido a la potencial acumulación de linfa tras el ejercicio, por lo que las indicaciones de reposo a tantas de esas mujeres no se sostienen (estudio).
Porque el sistema linfático cumple un papel fundamental para transportar antígenos y células inmunitarias (aunque dicen que también células circulantes tumorales) (estudio).
Algunos reportes dicen que el rebote puede incrementar el flujo linfático mucho más que ejercicios que no incluyan rebote, incluso 15-30 veces más, aunque no es un dato verificado en estudios independientes.
Dos minutos de salto pueden triplicar el número de glóbulos blancos circulantes, consistente con la respuesta leucocitaria aguda bien documentada tras ejercicio dinámico. Médicos reportan recomendar a pacientes oncológicos «saltos suaves durante 2 minutos cada hora si es posible», aunque esta práctica parece basarse en principios fisiológicos generales más que en ensayos controlados específicos y debe ser cogida con pinzas.
Esta es una técnica donde los pies permanecen en contacto con la superficie del trampolín durante rebotes suaves. Es frecuentemente recomendado como método óptimo para estimulación linfática sin estrés articular excesivo. Es ideal para pacientes en estado de fragilidad ósea y/o articular que desean fortalecerse, pero puede ser aplicado por cualquiera que sospecha que sus huesos y articulaciones podrían no estar en buen estado.
Dave Scrivens, un experto en el sistema linfático, describe que la atracción gravitacional causada por el rebote abre y cierra las válvulas linfáticas unidireccionales, moviendo la linfa eficientemente. Este ejercicio de muy bajo impacto (dice) puede despejar la linfa en solo 2 minutos.
Existe una preocupación hipotética y razonable de que estimular flujo linfático podría facilitar diseminación metastásica, dado que células tumorales frecuentemente escapan del tumor primario a través de vasculatura linfática para establecer metástasis en ganglios linfáticos.
Pero no existe evidencia de que el rebote o cualquier forma de ejercicio ligero a moderado aumente el riesgo de metástasis cancerosa. De hecho, la mayoría de estudios sobre actividad física y cáncer muestran lo opuesto: el ejercicio se asocia con mejores resultados en muchos cánceres, incluyendo menores tasas de recurrencia y mayor supervivencia.
Es evidente que una persona con osteoporosis debe abordar toda clase de ejercicios (especialmente los que impliquen impactos) con cuidado y sin excesiva intensidad inicial, pero el reposo es justo lo que los huesos NO necesitan.
Cualquier abordaje de ejercicio físico en cáncer o en cualquier otra condición es una de las medidas terapéuticas que requieren más la presencia de un buen profesional actualizado que sepa aconsejar al usuario.
Pero el ejercicio físico adecuado y continuado reduce considerablemente la osteoporosis y fortalece el hueso. No sólo eso, sino que los osteocitos (células especializadas que constituyen más del 90% de las células óseas) funcionan como mecanosensores primarios del esqueleto, detectando cargas mecánicas y coordinando respuestas de remodelación ósea. Los estudios recientes revelan que los osteocitos también desempeñan roles inesperados en la defensa contra metástasis óseas.
Además, el mismo estudio demostró que los osteocitos transfieren mitocondrias a células de cáncer metastásico en médula ósea, lo que desencadena una respuesta antitumoral (estudio).
El ejercicio es aún más necesario en enfermos sometidos a quimioterapia, porque esta induce una pérdida acelerada de masa ósea e incrementa el riesgo de osteoporosis y fracturas (estudio)
El rebote es un ejercicio de bajo impacto, seguro y accesible para muchos pacientes oncológicos que experimentan fatiga o movilidad limitada. Es más suave sobre articulaciones que correr o saltar cuerda debido a la absorción de impacto por la superficie del trampolín (artículo)
Si no tienes problemas articulares u óseos (y tienes buen equilibrio y forma física) puedes probar a saltar simplemente sobre el piso o a la cuerda, pero en general es más recomendable usar un trampolín, que amortigua el impacto y es más gentil para las articulaciones. Puedes encontrar modelos baratos en muchos sitios, incluido amazon. Recomiendo comprar uno que tenga una barra de apoyo para aumentar más la seguridad si lo usa una persona con movilidad reducida.
Por supuesto lo ideal es que toda rutina de ejercicio nueva, incluido el rebote, debe discutirse con el equipo de oncología e idealmente coordinarse con fisioterapeutas o especialistas en rehabilitación que comprendan el perfil de salud único del paciente.
Pero eso no siempre será posible y quizá tu oncólogo ponga el grito en el cielo histéricamente ante algo que simplemente le suena raro, pero sólo estará demostrando así que quiere evitarse problemas por la vía de hacer sólo lo que le marca su guía, grabada a fuego en muchos de ellos.
Lo ideal es que encuentres a un profesional del ejercicio que te guíe, pero no podemos permanecer detenidos hasta que todas las circunstancias vitales nos sean propicias o no haríamos nada.
Si fuera yo, haría esto:
Si además de esta técnica aplicas los tratamientos combinados que propongo en OM y que resumo en estos cursos, las probabilidades de remisión se incrementan exponencialmente.