EN ABIERTO
Llevo años escribiendo acerca del yodo y de la ayuda que proporciona contra el cáncer.
No sólo contra el cáncer de tiroides, porque el yodo no es sólo eso “que usa la tiroides”, sino una molécula ubicua que incide transversalmente en todo proceso orgánico.
Escribí dos artículos en el blog de Cáncer Integral que te permitirán conocer en profundidad su importancia, si así lo deseas (parte I, parte II), pero en este artículo me enfocaré en la parte práctica que elaboré en uno de ellos, en concreto en un estudio que debería obligar a los oncólogos a recetar yodo a TODO enfermo de cáncer, pero especialmente a quienes padecen cáncer de mama (o de cerebro), sometido a quimioterapia.
Indice
Ya no es una suposición: hay ensayos clínicos que parecen demostrar la ayuda a la quimioterapia que ofrece el Yodo. Y es un hecho inapelable que NO necesita poner en marcha ensayos en fase III con miles de participantes para actuar YA.
En este ensayo (estudio, ensayo clínico) se usó un suplemento oral de yodo molecular (I2), solo y en combinación con la terapia neoadyuvante (es decir, como tratamiento ANTES de una cirugía, con el fin de debilitar al tumor y/o reducir su tamaño) que consistía en 5-fluorouracilo/epirrubicina/ciclofosfamida o taxotere/epirrubicina (FEC/TE) en dos grupos de mujeres, una con enfermedad temprana (estadio II) y otra con enfermedad avanzada (estadio III) en cáncer de mama.
En el grupo en estadio II, 30 mujeres fueron tratadas con I2 (yodo molecular, NO sales de yodo) (5 mg/día) o placebo (agua coloreada) durante 7 a 35 días antes de la cirugía. Hay que resaltar que la cantidad de yodo utilizada es BAJÍSIMA.
En el grupo avanzado, 30 pacientes recibieron I2 o placebo, junto con el tratamiento FEC/TE.
Después de la cirugía, todos los pacientes recibieron FEC/TE + I2 durante 170 días.
La suplementación con I2 produjo una atenuación significativa de los efectos secundarios y derribó la quimiorresistencia tumoral.
Los grupos de control, I2, FEC/TE y FEC/TE + I2 exhibieron tasas de respuesta de 0, 33%, 73% y 100%, respectivamente, y una respuesta completa de 18% el grupo tratado con I2 y de 36% en el tratado con quimio más I2.
La tasa de supervivencia libre de enfermedad a los cinco años fue significativamente mayor en los pacientes tratados con el suplemento de I2 antes y después de la cirugía en comparación con los que recibieron el suplemento solo después de la cirugía (82% frente a 46 %).
Los tumores tratados con I2 exhibieron un potencial menos invasivo y aumentos significativos en la apoptosis, la expresión del receptor de estrógeno y la infiltración de células inmunitarias.
A continuación: Tabla resumen de eficacia de las combinaciones de quimio con o sin yodo molecular y/o placebo. PD: progresión de la enfermedad; SD: enfermedad estable; PR: respuesta parcial; pCR: respuesta patológica completa. ORR: tasa de respuesta objetiva

Este estudio en solitario ya es extraordinario, y eso que usaron dosis muy bajas y sin tener en cuenta muchas otras medidas adicionales y sinérgicas que podríamos añadir.
Sólo este pequeño estudio ya debería justificar el uso de yodo molecular (un simple suplemento de forma oral, relativamente barato, sin efectos secundarios y que cualquiera puede comprar online) de forma concomitante a la quimio, para incrementar exponencialmente sus efectos terapéuticos y disminuir en igual medida los secundarios.
Es un multiplicador enorme de eficacia y un protector igualmente enorme.
Decir que debemos esperar a que haya estudios fase III extensos es un ejercicio de cinismo o ignorancia, teniendo en cuenta que en 2021 nos pusimos a pinchar a todo un planeta con una sustancia que ahora se demuestra no había arrojado NINGÚN signo de eficacia ni consistencia estadística y que está produciendo devastadores efectos secundarios, muchos incapacitantes y mortales.
La suplementación con yodo molecular puede conducir a deficiencia de selenio, que se resuelve tomando 2 o 3 nueces de Brasil al día.
Además, ambos micronutrientes son imprescindibles para disminuir ansiedad y depresión, algo punto de importancia capital en la calidad de vida de los pacientes de cáncer (estudio).
El iodo tiene alta afinidad por el tejido mamario, y su importancia es tan grande, que ya hay estudios que encuentran relaciones causales entre las deficiencias endémicas de yodo y el incremento palpable de incidencia de cáncer de mama en las sociedades occidentales (estudio).
Por eso está también especialmente indicado en cánceres de mama, pero el yodo parece acumularse en todos los tejidos extratiroideos, sin necesidad de la participación de la TSH (estudio), por lo que la simple suplementación oral sería adecuada en TODOS los casos de cáncer.
Un estudio hizo además un descubrimiento cuya importancia no parece haber comprendido: al suplementar, el iodo se acumulaba en gran cantidad en una muestra de tejido de tumor cerebral (estudio). Eso indica dos cosas trascendentales:
El yodo es, por tanto, una sustancia muy importante en el arsenal terapéutico de todo enfermo de cáncer. No sólo por su utilidad intrínseca, sino porque un simple y relativamente barato suplemento administrado de forma oral tiene efectos terapéuticos considerables, se acumula en el tumor y atraviesa la barrera hematoencefálica.
Además, hay una fuerte correlación entre la deficiencia de yodo y peor metabolización de la glucosa, más riesgo de diabetes y de resistencia a la insulina, factores que incrementan el riesgo de cáncer y dificultan su manejo cuando ya ha aparecido (estudio).
Al igual que la vitamina C, el yodo presenta múltiples mecanismos de acción antitumoral.
Tiene fuerte capacidad proapoptótica, inhibidora de la glutaminólisis, actua contra la activación tumoral de los peroxisomas y convierte el exceso de ácido araquidónico de las células tumorales en yodolactonas antitumorales.
También muestra actividad antiangiogénica y es uno de los suplementos más útiles, que todo paciente de cáncer debería considerar tomar, especialmente aquellos con cánceres primarios en órganos donde el yodo se almacena preferentemente: mama, estómago, cerebro o páncreas, entre otros (estudio, estudio). Las pruebas clínicas con grupos reducidos de pacientes están arrojando resultados magníficos.
También lo mencioné en el tomo II para ayudar a eliminar especies patógenas por su acción antimicrobiana contra bacterias, hongos y parásitos.
Hay dos formas de suplementación: Lugol y Iodoral, que combinan yoduros con la forma molecular del yodo. Es esta última la que presenta la principal actividad antitumoral.
Las dosis propuestas comienzan a partir de 12,5mg/día, hasta alcanzar los 300mg/día, subiendo progresivamente la dosificación para hacer más llevaderos los posibles efectos secundarios, generalmente leves, producidos por la desintoxicación de bromuros y fluoruros que induce el tratamiento con yodo.
Bromuros y fluoruros son compuestos halogenados, análogos al yodo y, por tanto, competidores con él. Bromo y flúor, que son añadidos artificialmente al agua y a los alimentos, interfieren en procesos naturalmente reservados para el yodo y alteran su normal funcionamiento.
Sinergia, sinergia, sinergia. Mejor muchas sustancias a dosis bajas que una sola a dosis altas.
Lo he dicho innumerables veces: la dosis alta de UNA sola sustancia es una idea descabellada.
El organismo no puede ser modificado aporreando a puñetazos UN único botón, sino desplegando una sinfonía de pulsaciones elegantes en múltiples puntos de presión.
Eso se hace utilizando, EN COMBINACIÓN, muchas terapias, sobe todo aquellas que NO acarrean efectos secundarios.
Por eso llevo tantos años destilando el conocimiento acumulado en estrategias prácticas concretas, que todo enfermo de cáncer pueda aplicar YA, HOY, sin dejarse un dineral y sin tener que depender de médicos.
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