Pocas sustancias tienen la fama (merecida) que acarrea el té verde. Milenaria, extendida y muy estudiada, esta planta es el epítome de lo que un extracto herbal debe representar: efectividad, amplitud terapéutica y casi nula toxicidad.
Ha sido analizado innunerables veces. Miles de artículos científicos dedicados a él se acumulan en las bases de datos, así que aquí me enfocaré en su capacidad anticáncer.
A pesar de esa abundancia de evidencia, no hay (que yo sepa) ensayos clínicos de intervención que evalúen el té verde como herramienta directamente terapéutica contra el cáncer, sino sólo como apoyo para paliar síntomas asociados al cáncer o a los tratamientos, como herramienta preventiva y para analizar marcadores asociados con riesgo o progresión.
Indice
No me extenderé mucho en este punto, porque siempre intento decir lo que aún NO se ha dicho. Para hacer lo que hacen los demás ya están los demás, pero haré un breve resumen por si hay algún despistado.
El té verde (Camellia sinensis) es un tipo de té no fermentado que conserva en gran medida la sustancia natural de las hojas frescas.
Tiene una larga historia que se origina en China y se extiende por todo el mundo de forma directa o indirecta. Hoy en día, 3 mil millones de personas en todo el mundo consumen té. Es la segunda bebida más popular del mundo después del agua. Se han aislado e identificado múltiples componentes farmacológicamente activos del té verde, incluidos polifenoles, alcaloides, aminoácidos, polisacáridos y componentes volátiles.
El té se puede clasificar en muchos tipos según los diversos métodos de definición en los diferentes países. En China, según el grado de fermentación, el té se divide en seis líneas principales de té: té verde, té negro, té blanco, té amarillo, té Oolong y té oscuro. El té verde fue el primer té descubierto y es un té no fermentado. El té verde retiene más sustancias naturales en las hojas frescas y tiene menos pérdida de vitaminas.
Muestra actividad farmacológica versátil como antioxidante, anticancerígeno, hipoglucemiante, antibacterian, antiviral y neuroprotector. No es extraña dicha versatilidad para quienes me leéis desde hace un tiempo: el organismo utiliza procesos básicos inmunometabólicos cuyo desequilibrio conduce a múltiples dolencias “diferentes”.
Algunos estudios sobre los efectos tóxicos del extracto de té verde y sus ingredientes principales resaltan la posibilidad de hepatotoxicidad, pero eso ocurre con todas las sustancias y la mayoría de problemas ocurren cuando el daño hepático (o renal) es PREVIO.
El té verde ha demostrado actividad específica para ayudar en el tratamiento de la diabetes, el Alzheimer, el cáncer oral o la dermatitis (estudio).
Como siempre hago, analizaré en primer lugar la evidencia de la influencia positiva del té verde en otras dolencias metabólicas, porque el metabolismo es una característica transversal en todas ellas, razón por la cual hay correlaciones entre alteraciones metabólicas y mayor riesgo de padecer cáncer.
A continuación: efectos sobre la salud humana del té verde. Fuente.

Algunos estudios utilizan el té obtenido de las hojas frescas o secas, otros analizan extractos secos y en otros se estudia aislado el principal y más abundante polifenol del té verde, el galato de epigalocatequina (EGCG).
No hay muchos ensayos clínicos de intervención que permitan afirmar que el té verde ejerce acciones antitumorales en humanos, pero podemos como siempre analizar otras evidencias.
A continuación: posibles mecanismos por los que las catequinas del té verde ejercen sus efectos. Fuente.

La evidencia antitumoral, pese a ser abundante, no se ha trasladado a ensayos clínicos a gran escala, y de hacerse sería probablemente con formas más potentes que el simple consumo de varias tazas de té verde al día (extractos encapsulados en liposomas o micelas, o aislado concentrado de EGCG) pero hay un punto específico que quiero resaltar: cómo el té verde puede ayudar a frenar el uso por parte del tumor de la glutamina.
Ya expliqué en muchas ocasiones que yo NO recomiendo restringir el consumo de glutamina, a pesar de que el tumor es un ávido consumidor de este aminoácido. Lo expliqué en profundidad aquí y aquí.
La idea es no restringir una glutamina que también necesita imperiosamente el intestino, que debe estar sano para mantener saludable al sistema inmunitario que depende de él, pero impedir que el tumor pueda usarla, por la vía de inhibir ciertas isoformas tumorales de enzimas involucradas en el metabolismo de la glutamina, llamado glutaminólisis. Lo analicé a fondo aquí y aquí.
El EGCG inhibe la enzima glutamato deshidrogenasa, que es un paso intermedio en el proceso de glutaminólisis. No lo frena del todo, y sería necesario emprender otras acciones que limiten el resto de isoformas enzimáticas implicadas, pero es un poderoso palo en las ruedas que dificulta al tumor utilizar la glutamina (estudio, estudio).
Los efectos agudos del té verde se observan en estudios a partir de unos 400-500mg de EGCG diarios, y una taza de té verde puede aportar unos 50mg de EGCG. Teniendo eso en mente:
Las hojas jóvenes como las usadas para hacer el matcha japonés contienen más polifenoles por gramo y, en general, parece que los tés japoneses (matcha, sencha, y sobre todo la gyokuro) contienen más EGCG que los chinos (artículo, artículo, artículo). Pero no me complicaría la vida si no encuentras algunas de esas variedades, porque la diferencia radica en la constancia en el consumo: 2-3 (incluso 5-6) tazas al día aportarán un beneficio sostenido a todo enfermo de cáncer, un apoyo al resto de medidas. No sólo serán relativas a su contenido en EGCG sino al resto de sustancias sinérgicas.
Con estas tres presentaciones combinadas podemos proponer un protocolo “de té verde”, que combinaría con el Protocolo completo de medidas combinadas:
Además:
El té verde no es una cura, nada lo es en solitario, pero sí un apoyo muy valioso que, gracias a que puede ser consumido de forma diaria y regular, ejerce una presión constante sobre los marcadores metabólicos que influyen en el cáncer.
No es una apisonadora terapéutica si se toma en forma de té o extracto, sino una silenciosa manera de reforzar el resto de medidas del protocolo, incrementando la efectividad de todas las demás.
Sí puede ser más potente cuando se usan de manera intravenosa sus catequinas, pero requiere la participación de profesionales y la obtención en farmacias específicas, lo que acarrea un coste y una gestión.
Hola, Alfonso:
Muy interesante y práctico este post, muchas gracias. Pero me surge una duda con el té verde en infusión: hay variedades que te permiten reinfusionar las hojas una o dos veces más en el mismo día. En ese caso, ¿sabes si el contenido de EGCG disminuye?
O dicho de otra manera: si reinfusionamos el té, ¿tendríamos que beber más tazas diarias en comparación con usar hojas nuevas cada vez para alcanzar efectos terapéuticos?
Muchas gracias por todo. Un abrazo.